Es el área de la Iglesia Católica que se ocupa del cuidado y atención del enfermo y su familia.
Acompañar, escuchar, evangelizar, rezar, sostener en los momentos de más vulnerabilidad, en el sufrimiento y en la muerte. En el duelo y en la defensa de la vida.
Y además promover estilos de vida sanos.
Se desarrolla en cada ámbito parroquial o comunidad. Cada grupo visita pacientes en domicilios particulares, geriátricos, clínicas, hospitales.
A veces se ha acusado a los seguidores de la Biblia, tanto judíos como cristianos, de haber contribuido de forma dramática al deterioro del medio ambiente. Se dice que nos hemos tomado tan en serio el mandato divino de “dominar la tierra” que hemos terminado por explotarla sin consideración alguna.
Frente a esa acusación, hay que repetir que el mandato bíblico de "dominar la tierra" no significa una licencia absoluta para el expolio de la naturaleza. El ser humano ha sido creado “a imagen y semejanza de Dios” (Gén 1,26-27). Es el visir y vicario de Dios. A él ha sido confiado el cuidado respetuoso del jardín de la creación.
En cuanto seres humanos, nos hemos habituado durante milenios a dominar el mundo, como si fuera de nuestra propiedad. En cuanto creyentes, hemos de aprender a dominar nuestro propio afán de dominio.
El respeto hacia el mundo creado debe convertirse en objeto de la reflexión moral, de la educación y de la espiritualidad. No hay que añadir una nueva lección sobre el respeto al mundo y a la vida. Hay que procurar que el amor a la vida y el cuidado por los vivientes y su hogar impregnen toda la reflexión y la catequesis sobre la virtud.
En su mensaje para la Jornada de la paz de 1990, Juan Pablo II afirmaba que "la austeridad, la templanza, la autodisciplina y el espíritu de sacrificio deben conformar la vida de cada día". No se trata de promover la austeridad por sí misma. Se trata de no imponer más cruces sobre los hombros humanos: "a fin de que la mayoría no tenga que sufrir las consecuencias negativas de la negligencia de unos pocos".
Los ecologistas propugnan la necesidad de cambiar de paradigma. En su encíclica sobre el cuidado de la casa común, publicada el 24 de mayo de 2015, también el papa Francisco ha escrito que “Muchas cosas tienen que reorientar su rumbo, pero ante todo la humanidad necesita cambiar” (LS 202).
Y más adelante añade: “No pensamos solo en la posibilidad de terribles fenómenos climáticos o en grandes desastres naturales, sino también en catástrofes derivadas de crisis sociales. La obsesión por un estilo de vida consumista, sobre todo cuando solo unos pocos pueden sostenerlo, solo podrá provocar violencia y destrucción recíproca” (LS 204).
El hombre es la única criatura capaz de preocuparse por las diversas especies. Por eso mismo le corresponde la tarea de proteger el equilibrio global de la tierra. Él ha de programar una auténtica "ecología humana". Creyentes y nos creyentes hemos de pensar qué significa ser humanos y cuál es nuestra responsabilidad en el mundo.
Los cristianos hemos de ver qué nos exige hoy creer en un Dios creador. Y hemos de considerar las consecuencias del mandato del amor, que Jesús nos dejó como santo y seña de nuestra identidad. La responsabilidad ecológica brota de la fe, de la esperanza y de la caridad.
Pidamos por nuestras parroquias, para que no sean oficinas funcionales sino que animadas por un espíritu misionero, sean lugares de transmisión de la fe y testimonio de la caridad.
Papa Francisco - Septiembre 2017
INTENCIONES DEL PAPA POR LOS DESAFÍOS DE LA HUMANIDAD
SEPTIEMBRE 2017
Por la Evangelización:
Por nuestras parroquias, para que, animadas por un espíritu misionero, sean lugares de transmisión de la fe y testimonio de la caridad.
Oración
Señor, Padre nuestro,
tú quieres que la Iglesia sea la presencia visible de tu amor en medio de los hombres.
Cada cristiano es un discípulo enviado a anunciar,
por palabras y por obras,
la buena noticia del Evangelio.
A todas las parroquias
se dirige un llamado a que sean,
cada vez más,
lugares de comunicación de la fe y testimonio de caridad.
Nosotros te pedimos que nuestra parroquia sea un lugar
en que cada uno de nosotros,
dentro de nuestras posibilidades y responsabilidades,
nos sintamos miembros activos en la misión de evangelizar.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria…
Desafíos para el mes:
Poner como intención, en la Eucaristía dominical, las necesidades de la parroquia y sus desafíos.
Proporcionar espacios de reflexión sobre el testimonio eficaz de los miembros de la parroquia, a nivel de las obras de misericordia que se pueden hacer.
Reflexionar sobre las oportunidades de formación en la fe que la parroquia ofrece, en especial en la catequesis de adulto, jóvenes y niños.
Queridos hermanos: anoche falleció nuestro querido Padre Ricardo... Lo velamos hoy desde las 11hs en el templo de nuestra Parroquia San Juan Bautista, y a las 19 hs el Obispo presidirá la Misa de exequias. Mañana lunes a las 15.30 hs sus restos serán trasladados al cementerio. Rezamos especialmente para que Dios reciba en su abrazo de Paz al Padre Ricardo y para que su testimonio de entrega sacerdotal siga siendo fecundo en nuestra comunidad y más allá. Un abrazo grande a cada uno.
P. Santiago
Nuestro querido amigo partiste a la Casa del Padre y llegas a Él con tu sonrisa, tu música y tu buen humor, seguramente con un buen chiste y derramado todo tu amor. Fuiste un gran maestro que nos enseñaste como recibir y confortar al enfermo y cómo prepararlos para la partida de este mundo. Te recordaremos como un santo hombre, un santo médico y un Padre santo. Q.E.P.D.
Por los jóvenes, para que sepan responder con generosidad a su propia vocación, y movilizarse por las grandes causas del mundo. Papa Francisco - Abril 2017 INTENCIONES DEL PAPA
POR LOS DESAFÍOS DE LA HUMANIDAD
ABRIL 2017
Intención de oración universal: Jóvenes
Por los jóvenes, para que sepan responder con generosidad a su propia vocación; considerando seriamente también la posibilidad de consagrarse al Señor en el sacerdocio o en la vida consagrada
ORACIÓN
Señor nuestro Dios,
Tu precisas de nosotros
para seguir extendiendo el reino en el mundo.
Escuchamos el pedido de Jesús que dice:
"Pidan al Señor de la mies que envíe obreros a su mies."
Necesitamos cristianos que participen en la transformación del mundo,
movido por los valores del Evangelio.
A través de sus propias opciones de vida,
en el trabajo, en el matrimonio,
todos estamos llamados a ser apóstoles y predicadores del Evangelio.
En este mes, pedimos que nuestras familias y comunidades
sean también un lugar de crecimiento de nuevas vocaciones
sacerdotal y religiosa.
Que, a través de nuestra oración y nuestro ejemplo,
los jóvenes se sienten movidos seguir a Jesús.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria…
DESAFÍOS PARA EL MES
Orar y participar en iniciativas de oración por las vocaciones,
sobre todo en la Semana de Oración por las Vocaciones.
Tener un momento de reflexión y compartir en familia y la comunidad a para preguntarnos si nuestro medio ambiente y ayuda
a nuestros jóvenes a seguir el estilo de Vida de Jesús.
Como comunidad parroquial, tomemos un momento de reflexión sobre el acompañamiento que se hace a los jóvenes en su camino vocacional, si el matrimonio,
Estábamos en la Basílica ... ¡Qué bendición encontrarse en silencio y soledad bajo aquella grandiosa cúpula en forma de lirio invertido! ... la gruta en la que había habitado Santa María... un altar, ... entrar en la gruta y orar por un buen rato ante el altar que nos dice en latín: “Aquí el Verbo de Dios se hizo carne”.
Según el papa Pablo VI, ese es el primer desafío que nos plantea el misterio de la Encarnación. Según él, “nosotros, los modernos, vamos perdiendo no solo la noción del Dios vivo”, sino también la de toda trascendencia. Así que el misterio de la Encarnación nos parece demasiado grande, es demasiado difícil y asombroso.
Pero “en la humilde e idílica escena de la Anunciación se hace más luminoso y salvador de lo que fue para los hombres de las generaciones precedentes”. Y así es. En este tiempo de turbación, pensar que Dios se ha hecho hombre “devuelve a nuestra mente la libertad de superarse y salir de sus propios límites”.
La Encarnación nos lleva a lamentar el abandono de tantos hombres y mujeres que yacen, indefensos y aplastados, en las periferias de nuestro mundo. Este misterio nos exige valorar la dignidad de la persona humana. De toda persona humana. Nazaret es un lugar. Nazaret es un susurro, pero es también un grito en defensa de la vida.
El mismo Pablo VI recordaba con palabras de Newman que aquí se puede descubrir por qué razón llamamos a María con el título de “janua coeli”, es decir, Puerta del Cielo. Por ella el Señor pasó a esta tierra. La palabra con la que ella dio su consentimiento hizo posible la llegada de la Palabra de Dios a nuestra tierra.
El “fiat” que pronunció María, es decir, esa entrega que supone el “hágase en mí según tu palabra” nos enseña a aceptar también en nuestros días la voluntad de Dios. Su aceptación nos lleva a desear y procurar que la voluntad de Dios “se realice aquí en la tierra, en el reino perturbado de nuestra libre voluntad”.
La fiesta de la Anunciación del ángel a María y de la Encarnación del Verbo de Dios en sus entrañas es el principio de una nueva alianza de paz. Nazaret es un susurro, pero es también una plegaria, un programa, una profecía y un grito. La promesa de un mundo que puede ser pensado y recreado según un modelo de gracia y de justicia.
«Volved a mí de todo corazón… volved a mí» (Jl 2,12), es el clamor con el que el profeta Joel se dirige al pueblo en nombre del Señor; nadie podía sentirse excluido: llamad a los ancianos, reunid a los pequeños y a los niños de pecho y al recién casado (cf. v. 6). Todo el Pueblo fiel es convocado para ponerse en marcha y adorar a su Dios que es «compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad» (v.13).
...
Cuaresma es el tiempo para decir «no». No, a la asfixia del espíritu por la polución que provoca la indiferencia, la negligencia de pensar que la vida del otro no me pertenece por lo que intento banalizar la vida especialmente la de aquellos que cargan en su carne el peso de tanta superficialidad. La cuaresma quiere decir «no» a la polución intoxicante de las palabras vacías y sin sentido, de la crítica burda y rápida, de los análisis simplistas que no logran abrazar la complejidad de los problemas humanos, especialmente los problemas de quienes más sufren. La cuaresma es el tiempo de decir «no»; no, a la asfixia de una oración que nos tranquilice la conciencia, de una limosna que nos deje satisfechos, de un ayuno que nos haga sentir que hemos cumplido. Cuaresma es el tiempo de decir no a la asfixia que nace de intimismos excluyentes que quieren llegar a Dios saltándose las llagas de Cristo presentes en las llagas de sus hermanos: esas espiritualidades que reducen la fe a culturas de gueto y exclusión.
Cuaresma es tiempo de memoria, es el tiempo de pensar y preguntarnos: ¿Qué sería de nosotros si Dios nos hubiese cerrado las puertas? ¿Qué sería de nosotros sin su misericordia que no se ha cansado de perdonarnos y nos dio siempre una oportunidad para volver a empezar? Cuaresma es el tiempo de preguntarnos: ¿Dónde estaríamos sin la ayuda de tantos rostros silenciosos que de mil maneras nos tendieron la mano y con acciones muy concretas nos devolvieron la esperanza y nos ayudaron a volver a empezar?
Cuaresma es el tiempo para volver a respirar, es el tiempo para abrir el corazón al aliento del único capaz de transformar nuestro barro en humanidad. No es el tiempo de rasgar las vestiduras ante el mal que nos rodea sino de abrir espacio en nuestra vida para todo el bien que podemos generar, despojándonos de aquello que nos aísla, encierra y paraliza. Cuaresma es el tiempo de la compasión para decir con el salmista: «Devuélvenos Señor la alegría de la salvación, afiánzanos con espíritu generoso para que con nuestra vida proclamemos tu alabanza»; y nuestro barro —por la fuerza de tu aliento de vida— se convierta en «barro enamorado».
(Homilía de S.S. Francisco, Miércoles 1 de marzo de 2017)
“Cada niño, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios no ha perdido todavía la esperanza en los hombres”. Esta frase de Rabindranath Tagore ha sido mil veces repetida, El nacimiento es siempre un misterio, aunque los que repiten esa frase piensen en Dios imaginándolo de formas muy diversas.
Todo nacimiento nos acerca necesariamente al misterio. Todas las culturas han atribuido el surgimiento de la vida a fuerzas superiores. Los padres que han deseado largamente tener un hijo, seguramente conocen muy bien los datos biológicos correspondientes. Pero su amor está por encima de esos datos.
Ante el bebé que viene al mundo, los padres han de preguntarse qué cable invisible los ha conectado con el misterio. El misterio de la vida. El misterio de esa nueva vida. Y, a fin de cuentas, el Misterio insondable que da origen, orientación y sentido a toda vida que llega a este mundo.
Pero la pregunta no se refiere sólo a la vida, tan difícil de definir y encasillar. Ante los ojos de los padres, de los familiares y de los amigos se mueve un cuerpo humano que reclama atención y ternura. Un cuerpo que no puede ser despreciado ni descartado. Un cuerpo que revela la dignidad de la persona, con independencia de su tamaño o de sus rasgos concretos.
Nacer es presentarse en sociedad con un cuerpo que requiere espacio para situarse y un tiempo que, en adelante va a ser el suyo. Decimos que ha venido al mundo. Pero ese bebé ya estaba en el mundo. Un velo tan frágil como fuerte lo apartaba de nuestra vista, pero no le impedía percibir los sonidos de su familia.
El recién nacido no se ha hecho a sí mismo. Ese cuerpo es el último resultado de fuerzas y afectos que vienen de muy lejos. Es heredero de una larga cadena de testigos de la vida. Parece que llega mendigando alimento y limpieza, caricias y días y noches de desvelo. Pero llega exigiendo con todo derecho una herencia que viene de generación y generación.
Su cuerpo es dádiva y exigencia. Es oferta y demanda. Es recordatorio de nuestros deberes y de nuestra responsabilidad. Ese cuerpo es una ventana minúscula al Misterio mayúsculo que nos gesta, nos acompaña y un día nos examinará sobre el amor.
Cada niño que viene al mundo nos dice que Dios espera algo incluso de todos aquellos que han decidido no esperar nada de él. El cuerpo del niño es un sacramento de fe, de esperanza y de amor.
La fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo nos recuerda que en cada nacimiento renace la esperanza de la salvación. Esa salvación definitiva que no depende de honores humanos ni de cachivaches técnicos.
La fiesta de Las Candelas, que celebramos el día 2 de febrero, ilumina la realidad de nuestro cuerpo. Por débil que parezca, el cuerpo es una revelacion del Misterio de Dios y del milagro de la vida. Nuestra esperanza tiene mucho de lo humano y tiene todo de lo divino.