Es el área de la Iglesia Católica que se ocupa del cuidado y atención del enfermo y su familia.
Acompañar, escuchar, evangelizar, rezar, sostener en los momentos de más vulnerabilidad, en el sufrimiento y en la muerte. En el duelo y en la defensa de la vida.
Y además promover estilos de vida sanos.
Se desarrolla en cada ámbito parroquial o comunidad. Cada grupo visita pacientes en domicilios particulares, geriátricos, clínicas, hospitales.
El ángel le dijo: ...«vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.»... ...Dijo María: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra."...
... “Aquí está la esclava del Señor”. En las palabras de María se evoca la historia de los hebreos, liberados de la esclavitud por el Señor. Aceptar la palabra de su Dios los haría libres. Heredera de ese pueblo, María es el paradigma de los creyentes que reconocen en el Señor al liberador de toda esclavitud. “Hágase en mí según tu palabra”. En las palabras de María se evoca la creación de los mundos. Tras la palabra del Creador, iban surgiendo los mares y la tierra, los animales y las plantas y el mismo ser humano. Miembro de la humanidad, en María se hace presente la nueva creación, nacida de la voluntad amorosa de su Señor... ...Importante es esta fiesta para nuestra fe. No hay salvación sin Salvador. La fe de María, la Anunciada, es el eslabón que une para siempre las promesas hechas a Israel con la esperanza, más o menos consciente, de todos los pueblos de la tierra.
José-Román Flecha Andrés
Desde el año 1999, cada 25 de marzo, se celebra en Argentina y en muchos otros países, el Día del Niño por Nacer, jornada que fue establecida en conmemoración a el Día de la Anunciación, fecha en que, según la Iglesia Católica, Jesucristo fue concebido en el vientre de María.
Esta celebración tiene como objetivo concientizar a favor de la vida desde la concepción. “Decile Sí a la Vida”
En Buenos Aires (Argentina) se realizó una jornada preparatoria para la próxima Marcha por la Vida, que se celebrará el sábado 23 de marzo en todo el país y en la que millones de ciudadanos saldrán a la calle para manifestarse por la madre y el niño por nacer...
La Marcha por la Vida se enmarca en la celebración del Día del Niño por Nacer, que se celebra cada 25 de marzo en diversos países.
... Alejandro Geyer, uno de los organizadores de la Marcha por la Vida y expositor en la pre jornada, explicó a ACI Prensa que cada provincia trabaja intensamente para que la Marcha por la Vida sea “un gran llamado nacional a luchar por la defensa del niño por nacer y por la familia y el derecho inalienable de los padres en la educación de los hijos sin ideología de género”.
En el año de las elecciones presidenciales y parlamentarias los manifestantes solicitarán a las “autoridades y candidatos un compromiso firme y abierto en estos temas”, aseguró Geyer.
La Marcha por la Vida también solicitará expresamente la eliminación del “Protocolo de Interrupción Legal del embarazo” conocido como ILE, activo en ocho provincias; y el fin de la distribución gratuita del abortivo misoprostol.
El evangelista Lucas temía que sus lectores leyeran su escrito de cualquier manera. Lo que les quería anunciar no era una noticia más, como tantas otras que se corrían por el imperio. Debían preparar su corazón: despertar la alegría, desterrar miedos y creer que Dios estaba cerca, dispuesto a transformar su vida.
Con un arte difícil de igualar, recreó una escena evocando el mensaje que María escuchó en lo íntimo de su corazón para acoger el nacimiento de su hijo Jesús. Todos podrían unirse a ella para acoger al Salvador. ¿Es posible hoy prepararse para recibir a Dios?
«Alégrate». Es la primera palabra que escucha el que se prepara para vivir una experiencia buena. Hoy no sabemos esperar. Somos como niños impacientes que lo quieren todo enseguida. Vivimos llenos de cosas. No sabemos estar atentos para conocer nuestros deseos más profundos. Sencillamente, se nos ha olvidado esperar a Dios y ya no sabemos cómo encontrar la alegría.
Nos estamos perdiendo lo mejor de la vida. Nos contentamos con la satisfacción, el placer y la diversión que nos proporciona el bienestar. En el fondo, sabemos que es un error, pero no nos atrevemos a creer que Dios, acogido con fe sencilla, nos puede descubrir otros caminos hacia la alegría.
«No tengas miedo». La alegría es imposible cuando se vive lleno de miedos que nos amenazan por dentro y desde fuera. ¿Cómo pensar, sentir y actuar de manera positiva y esperanzadora?, ¿cómo olvidar nuestra impotencia y nuestra cobardía para enfrentarnos al mal?
Se nos ha olvidado que cuidar nuestra vida interior es más importante que todo lo que nos viene desde fuera. Si estamos vacíos por dentro, somos vulnerables a todo. Se va diluyendo nuestra confianza en Dios y no sabemos cómo defendernos de lo que nos hace daño.
«El Señor está contigo». Dios es una fuerza creadora que es buena y nos quiere bien. No vivimos solos, perdidos en el cosmos. La humanidad no está abandonada. ¿De dónde sacar verdadera esperanza si no es del misterio último de la vida? Todo cambia cuando el ser humano se siente acompañado por Dios.
Necesitamos celebrar el «corazón» de la Navidad, no su corteza. Necesitamos hacer más sitio a Dios en nuestra vida. Nos irá mejor.
En este día nos agrada volver a consultar los sermones de San Juan de Ávila. Según él, la fiesta de la Asunción de María marcaba “el término tan deseado y tan pedido por la sacratísima Virgen María, Madre de Dios y Señora nuestra”. Ante aquella evocación, invitaba a los fieles a alegrarse por el triunfo de María. No le faltaba fantasía para imaginar la admiración a los ángeles:
“Espantados de que en este miserable desierto hubiese tan preciosa reliquia y que con tanta honra y pompa fuese subida a la alteza del cielo y constituida por Señora de los que están allá y de los de acá, preguntan diciendo: ¿Quién es esta que sube del desierto, abundante en regalos, arrimada sobre su Amado?” (Cant 8,5).
Para aquel fogoso predicador, el día de la Asunción de María se convertía en la fiesta de la libertad, de la gloria cumplida y de las esperanza realizadas:
“Gócense, pues, los buenos hijos de la libertad de su bendita Madre, y esperen ellos que, a semejanza de ella, les vendrá el día de su libertad, en que, libres de la corrupción de esta vida, gocen con ella en el cielo del don de incorrupción perpetua, de cumplida gloria y de la alegre vista de Dios. Y entiendan que esta Virgen bendita no sólo nos es dada para ejemplo de nuestra vida, a la cual sigamos e imitemos en sus virtudes, mas también tenemos en ella ejemplo y motivo para esperar que, si fuéremos acá por el camino que ella fue, aunque no tan aprisa ni con tanta santidad, iremos donde ella fue, aunque menores en gloria”.
Pero sabía Juan de Ávila que poco presta la contemplación sin la acción y el regusto sin el esfuerzo. La celebración de la Asunción de María a los cielos le sugería, pues, una sencilla exhortación adornada de una pizca de dramática poesía:
“Estemos, pues, muy atentos, y no perdamos de vista a esta Señora, tan acertada en sus caminos y tan verdadera estrella y guía de los que en este peligroso mar navegamos”[1].
También Santa Teresa cuenta que en esta fiesta de la Asunción de María, se le representó en un arrobamiento “su subida al cielo, y la alegría y solemnidad con que fue recibida y el lugar adonde está” . Y añade que esta visión le aprovechó “para desear más pasar grandes trabajos” y le quedó un “gran deseo de servir a esta Señora, pues tanto mereció”[2].
LA OBRA DE DIOS
El relato evangélico que hoy se proclama recoge el canto gozoso y agradecido de María (Lc 1, 39-56). Sus estrofas no miran tanto a la obra del hombre cuanto a la obra de Dios. El canto del “Magnificat”, en efecto, revela, proclama, canta y agradece el estilo de Dios.
- “Ha mirado la humillación de su esclava”. Más que una confesión personal es un resumen de la historia entera de la salvación. Frente a la altanería de los poderosos, con frecuencia injusta y despiadada, se alza la misericordia del Dios que apuesta por los débiles y oprimidos.
- “Me felicitarán todas las generaciones”. En otros tiempos le había sido prometido a Abraham que por él se bendecirían todos los linajes de la tierra (Gén 12,3). La antigua profecía se ha cumplido en María. Gracias a Jesús, fruto bendito de su vientre, la bendición de Dios se convierte en bienaventuranza para todos los que lo siguen.
- “Ha hecho obras grandes por mí”. Lo mismo pudieron decir Sara, madre de Isaac, y Ana, la madre de Samuel. Para María, las grandes obras de Dios incluyen la maternidad física de Jesús. Pero comprenden las riquezas del Reino que por Jesús se revelan y se otorgan a los pequeños y a los humildes.
UN SIGNO CELESTIAL
La visión del Apocalipsis coloca a la Iglesia en el centro de la bóveda celeste (Ap 12,1). La liturgia ve esa profecía a la luz de los misterios que transforman la vida de María:
• “Una mujer vestida del sol”. La luz de Dios revelada en el Cristo inunda a María y a la Iglesia. Purificadas e iluminadas por Él se convierten en faro para la peregrinación de las gentes. Su esencia determina su misión imprescindible.
• “Una mujer con la luna por pedestal”. La luz de María y de la Iglesia no brota de sus méritos. Como el pálido claror de la luna, su brillo es reflejo de una luz que las trasciende y las lleva a vivir en humilde transparencia.
• “Una mujer coronada con doce estrellas”. El signo cósmico del zodíaco se asocia a las tribus de Israel y al número apostólico para desvelar el papel de María y de la Iglesia. La naturaleza y la historia coronan al icono de la fe, al ejercicio de la fe, a la obediencia de la fe.
ORACIÓN
- “Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo; concédenos que aspirando siempre a la realidades divinas, lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo”. Amén.
José-Román Flecha Andrés
[1] San Juan de Ávila, Sermón 70, en Obras completas del Santo Maestro Juan de Ávila, III, 177.
[2] Santa Teresa de Jesús, Libro de la Vida, 39,26. La Santa había contado que en otra fiesta de la Asunción, le pareció ser vestida de blanco por nuestra Señora y por san José: o,c 33,14. .
Los magos vienen del «Oriente», un lugar que evoca en los judíos la patria de la astrología y de otras ciencias extrañas. Son paganos. No conocen las Escrituras Sagradas de Israel, pero sí el lenguaje de las estrellas. Buscan la verdad y se ponen en marcha para descubrirla. Se dejan guiar por el misterio, sienten necesidad de «adorar».
Su presencia provoca un sobresalto en todo Jerusalén. Los magos han visto brillar una estrella nueva que les hace pensar que ya ha nacido «el rey de los judíos» y vienen a «adorarlo». Este rey no es Augusto. Tampoco Herodes. ¿Dónde está? Esta es su pregunta.
Herodes se «sobresalta». La noticia no le produce alegría alguna. Él es quien ha sido designado por Roma «rey de los judíos». Hay que acabar con el recién nacido: ¿Dónde está ese rival extraño? Los «sumos sacerdotes y letrados» conocen las Escrituras y saben que ha de nacer en Belén, pero no se interesan por el niño ni se ponen en marcha para adorarlo.
Esto es lo que encontrará Jesús a lo largo de su vida: hostilidad y rechazo en los representantes del poder político; indiferencia y resistencia en los dirigentes religiosos. Solo quienes buscan el reino de Dios y su justicia lo acogerán.
Los magos prosiguen su larga búsqueda. A veces, la estrella que los guía desaparece dejándolos en la incertidumbre. Otras veces, brilla de nuevo llenándolos de «inmensa alegría». Por fin se encuentran con el Niño y, «cayendo de rodillas, lo adoran». Después, ponen a su servicio las riquezas que tienen y los tesoros más valiosos que poseen. Este Niño puede contar con ellos pues lo reconocen como su Rey y Señor.
En su aparente ingenuidad, este relato nos plantea preguntas decisivas: ¿Ante quién nos arrodillamos nosotros? ¿Cómo se llama el «dios» que adoramos en el fondo de nuestro ser? Nos decimos cristianos, pero ¿vivimos adorando al Niño de Belén? ¿Ponemos a sus pies nuestras riquezas y nuestro bienestar?¿Estamos dispuestos a escuchar su llamada a entrar en el reino de Dios y su justicia?
En nuestras vidas siempre hay alguna estrella que nos guía hacia Belén.