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miércoles, 20 de febrero de 2019

Video: "Empatía Clínica" - (Youtube)

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Ponerse en el lugar del otro
HenkaConsulting                                Publicado el 31 oct. 2013
En el sector salud se mueven mucho las emociones de todos los involucrados: doctores, enfermeros, pacientes, personal de la clínica u hospital, etc. Debemos tener en cuenta que cada persona es un mundo que pasa por situaciones diferentes y en ocasiones muy difíciles. Este vídeo nos muestra esa empatía que debemos tener desde diversas perspectivas, resaltando la importancia de "ponernos en los zapatos del otro" Créditos y vídeo original sin traducción corresponden a Cleveland Clinic y lo puedes ver en: https://youtu.be/cDDWvj_q-o8

jueves, 2 de agosto de 2018

Mensaje Bioética- PPT: POBLACIÓN Y PROCREACIÓN

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POBLACIÓN Y PROCREACIÓN

La preocupación moderna por el crecimiento demográfico de la humanidad se remonta a Thomas Malthus. Según él, “si no se pone obstáculos a su crecimiento, la población aumenta en progresión geométrica, mientras los alimentos lo hacen en progresión aritmética”.
Las predicciones de Malthus no se han realizado como él las preveía. El aumento de los medios de producción y consumo se une a la disminución de la población en los países desarrollados, aunque la población aumenta todavía en las sociedades más pobres.
En 1965, el Concilio Vaticano II evocaba así las actitudes que dificultan la apertura a la vida: "El amor matrimonial queda frecuentemente profanado por el egoísmo, el hedonismo y los usos ilícitos contra la generación. Por otra parte, la actual situación económica, socio-psicológica y civil son origen de fuertes perturbaciones para la familia. En determinadas regiones del universo, finalmente, se observan con preocupación los problemas nacidos del incremento demográfico. Todo lo cual suscita angustia en las conciencias" (GS 47).
El problema era evidente, pero diversos motivos indujeron a Pablo VI a retirar el tema de la discusión en el aula conciliar. Había que oír otras voces, especialmente las de la comisión creada por Juan XXIII para el estudio de esta cuestión
Teniendo en cuenta los informes contrastantes de aquella comisión, Pablo VI publicó el 25 de julio de 1968 su encíclica Humanae vitae. En ella recordaba que el deber de transmitir la vida humana es para los esposos, colaboradores libres y responsables de Dios Creador, fuente de grandes alegrías, a veces acompañadas de dificultades y angustias. 
Si este deber ha planteado siempre serios problemas en la conciencia de los cónyuges, los cambios acaecidos en la sociedad han planteado nuevas cuestiones que la Iglesia no puede ignorar por referirse a la vida y la felicidad de los hombres (HV 1). 
Entre esos cambios, menciona el Papa el rápido desarrollo demográfico, que genera el temor de que la población aumente más rápidamente que las reservas de que dispone. Este temor incita a los gobiernos a adoptar algunas medidas radicales.
Además, las condiciones de trabajo y de vivienda, el aumento de los gastos en la crianza y en la educación dificultan el mantenimiento adecuado de un número elevado de hijos.
Por otra parte, es evidente el nuevo papel de la mujer en la sociedad, en la valoración del amor conyugal y en el aprecio de la intimidad conyugal.
Finalmente, el hombre puede gestionar mejor el dominio racional de las fuerzas de la naturaleza con relación al cuerpo, a la vida psíquica, a la vida social y aun a las leyes que regulan la transmisión de la vida (HV 2). 
He ahí los motivos de aquella encíclica profética, publicada hace cincuenta años, que requiere hoy un análisis más sereno. 

José-Román Flecha André

domingo, 29 de julio de 2018

Video Bioética: Plenario de Comisiones del Senado Argentino "Interrupción Voluntario del Embarazo" Exposición - Disertación de la Dra. Julia Elbaba - (YouTube) -

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Mensaje Bioética: EUTANASIA Y CLARIDAD

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EUTANASIA Y CLARIDAD
Ante las cuestiones relativas a la vida y a la muerte, a las motivaciones reales de las decisiones se suelen mezclar juicios y prejuicios fuertemente arraigados en los hábitos personales y sociales.
No falta quien ha aprovechado la legalización de la eutanasia para arremeter contra las “horribles religiones monoteístas” e invocar, aun poéticamente, el retorno al paganismo helénico como modelo de humanidad y libertad. Al fin da la cara una de las razones de tanta sinrazón.
Por parte de algunos, se propugna el retorno a un paganismo precristiano. La pena es que se olviden unos cuantos ingredientes del paganismo helénico: el infanticidio, la esclavitud y el desprecio a los enfermos incurables, que ya predicaba Platón. Además, no se olvide que Aristóteles justificaba la esclavitud y que el mundo griego inventó el “ostracismo”.
Y, lo peor de todo, se ignora o se olvida que en el fondo de tal pretendida oferta griega y romana se encuentra la imposibilidad metafísica de la libertad. En una cosmovisión cíclica, como aquella, el ser humano se consideraba sólo como un juguete en las manos inmisericordes del Destino y de las Parcas. Así se puede ver en las impresionantes tragedias griegas y aun en poemas tan bellos como la égloga IV de Virgilio.
El mundo moderno ha luchado ciertamente por el triunfo de la libertad, pero no es la libertad individual la que puede determinar la valía de valores éticos como el de la vida. Si el paganismo griego no podía descubrir la libertad, nuestra cultura no debería confundirla con la inhumanidad.
Esa es una de las razones de la promoción de la eutanasia. Hay otra razón que ha sido expuesta, poniendo sencillamente las cifras sobre la mesa. Al igual que ha ocurrido con las empresas que se han enriquecido por medio de la promoción del aborto, se observa ya la actividad financiera de las empresas que han promovido y facilitado la muerte, pedida por el paciente afiliado a la “mutua” o bien por sus familiares.
Evidentemente en estas consideraciones no se pretende juzgar las intenciones personales. Un viejo adagio decía que “del interior nadie puede juzgar, sino solamente Dios”. Pero no podemos caer en la ingenuidad de creer que toda la promoción de la “muerte por compasión” obedece solamente al requerimiento de una virtud tan humana y tan cristiana con esa.
Ante cuestiones de tanta importancia tanto para las personas como para la comprensión de la sociedad y de la convivencia, es preciso vivir en la claridad. Ya el profeta Isaías se lamentaba ante las decisiones de los que al mal llaman bien y al bien llaman mal (Is 5,20). Se ve que, aunque haya cambiado de traje, la tentación viene de lejos, en el tiempo y en el espacio.
José-Román Flecha Andrés
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jueves, 19 de julio de 2018

Mensaje Bioética: EUTANASIA Y TESTAMENTO VITAL

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EUTANASIA Y TESTAMENTO VITAL
La moralidad de una acción no depende del sentimiento personal, ni de la opinión mayoritaria en la sociedad. Para comprenderlo basta ponerse en el puesto de la persona que es agredida por quienes se justifican apelando a esos criterios.
Además, a veces se fundamenta la moralidad en la normativa legal. Se piensa que cuando una acción ha sido permitida o regulada por las leyes obtiene la categoría ética suficiente. Pero se olvida que en ese principio se asientan las dictaduras.
Todos comprendemos que, a pesar de la regulación legal, no siempre es justo nuestro salario, no siempre son rectas las normas de acogida a los inmigrantes, no siempre es correcto el ajuste anual de nuestra pensión de jubilados.
Hace tiempo fue despenalizado el adulterio, pero no por eso es moralmente bueno. Sin embargo, al ser despenalizado y legalizado el aborto, muchos lo vieron como licito. Pues bien, una legalización de la eutanasia no puede determinar la bondad ética de dar muerte a una persona.
A los que decimos oponernos a la legalización de la eutanasia, nos achacan con frecuencia la tentación de aplicar al enfermo unos cuidados que no harían más que alargar una vida en situación terminal. En realidad estaríamos tratando de prolongar cruelmente el proceso del fallecimiento.
Seguramente hay que clarificar muchos términos. Oponerse a la eutanasia activa no significa abogar por la distanasia o “encarnizamiento terapéutico”, que también puede ser inmoral. Si es inicuo dar la muerte directa a un paciente, tampoco es deseable alargar el fallecimiento con medios extraordinarios o desproporcionados.
Estos términos son muy importantes. De hecho, hay tratamientos considerados como extraordinarios, que pueden todavía ser proporcionados, dada la situación del paciente. Y, al contrario, un tratamiento relativamente ordinario puede a veces ser ya considerado como desproporcionado.
Hay una sabiduría en “dejar morir” al paciente, sin forzar el uso de medios experimentales. El juicio ético y una práctica cuidadosa han de saber prescindir de los medios “desproporcionados” en el alargamiento de la vida. Para esto no hace falta legalización, sino prudencia y discernimiento.
El testamento difundido por la Conferencia Episcopal Española emplea justamente estos conceptos: “Pido que si por mi enfermedad llegara a estar en situación crítica irrecuperable, no se me mantenga en vida por medio de tratamientos desproporcionados o extraordinarios; que no se me aplique la eutanasia activa, ni se me prolongue abusiva e irracionalmente mi proceso de muerte; que se me administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos”.
La reflexión sobre los cuidados paliativos, tan importantes en el momento actual de la medicina, merecería un espacio mucho más largo y matizado.

José-Román Flecha Andrés
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martes, 10 de julio de 2018

Mensaje Bioética : EUTANASIA Y DERECHOS HUMANOS

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EUTANASIA Y DERECHOS HUMANOS
En este momento, se presenta la eutanasia como una urgencia irrenunciable, demandada por la mayoría de los ciudadanos. Se la califica como un signo de progreso social, como un derecho de la persona, como un acto de compasión hacia el dolor que padecen los enfermos terminales.
Es preciso resumir este abanico de nuevos y pretendidos “derechos”, no contemplados por la famosa Declaración, de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 10 de diciembre de 1948.
• Se nos propone hoy la eutanasia activa como un derecho del paciente terminal incapaz de soportar sus dolores. Pero se olvida que nunca, como en esta época, hemos sido capaces de controlar el dolor.
• Se alaba la eutanasia activa siempre que se produzca a petición del paciente. Pero se olvida que muchos de esos pacientes en realidad no están implorando la muerte, sino una cercanía afectuosa y compasiva por parte de familiares y sanitarios. Una cercanía que a veces les niegan la prisa y la tecnificación de nuestro mundo.
• Se nos presenta la eutanasia como un derecho, que nunca sería vinculante para los que no lo quieran reclamar. Pero se olvida también que la libertad para pedir el aborto ha terminado convirtiéndose, en algunos casos, en una gran cantidad de abortos prácticamente obligatorios.
• Se promueve hoy la legalización de la eutanasia activa como un laudable acto de compasión -merci Killing-. Pero se olvida que la verdadera com-pasión no puede llevar al desentendimiento con relación al enfermo sino a la cercanía y a la ternura que se merece como persona.
• Se anuncia la eutanasia como la única solución (¿o la “solución final”?) para desentenderse de esas vidas que, siguiendo el escrito de Hoche y Binding, un régimen horrible calificó como “vidas inútiles”, desencadenando así toda una tormenta de inhumanidad.
En este momento, se presenta la eutanasia como un signo de progreso social, como un derecho de los ciudadanos, como un acto de compasión hacia los enfermos terminales, que de una forma inconsciente son generalmente identificados con los ancianos.
Muy raras veces se alude a la posibilidad de aplicar la eutanasia a los enfermos mentales, como ha ocurrido ya en la práctica en los casos en que la eutanasia ha sido despenalizada. Además, no se suele mencionar en primera instancia la eutanasia aplicable a los niños que nacen con malformaciones que son vistas como no deseables.
Es verdad que hay quien ya ha levantado una voz de alerta ante el peligro de ver cómo la legalización de la eutanasia puede llevar consigo la difusión de la eugenesia. En ese caso, el ser humano se convertiría práctica y legalmente en árbitro capaz de decidir sobre la vida y la muerte de los demás.
José-Román Flecha Andrés
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jueves, 5 de julio de 2018

Mensaje Bioética: " EUTANASIA Y TOBOGÁN"

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EUTANASIA Y TOBOGÁN
El diálogo tuvo lugar durante un Congreso Internacional que se celebraba en la hermosa ciudad de S’Hertogenbosch (Bois-le-Duc), donde El Bosco había pintado sus cosmogónicos sueños sobre el bien y del mal.
A mitad del congreso nos visitó una alta representante del Ministerio holandés de sanidad. Al parecer, deseaba justificar ante los congresistas llegados de muchos países la legalización de la eutanasia. De hecho, nos dijo que su gobierno solamente pretendía ofrecer una ayuda compasiva para el difícil acto de morir.
Le contesté entonces que ciertamente habían encontrado una expresión muy atrayente para enmascarar una práctica clínica que a muchos nos horroriza. Pues bien, ahora salta de nuevo a la actualidad el tema de la eutanasia, que viene serpenteando en el llamado occidente desde hace más de cien años.
Se nos anunció hace tiempo que Holanda es el primer país que la ha legalizado. Sin embargo, en esto como en las marcas olímpicas, es preciso efectuar cuidadosamente el conteo para establecer prioridades. Se nota un cuidadoso olvido para no mencionar que la eutanasia también fue legalizada por el régimen de Hitler en septiembre de 1939.
En estos casos es interesante saber quién ha ido por delante y cómo se ha aplicado la norma. En el caso del nazismo, en primer lugar se difundió una circular a los centros hospitalarios, pensando en los enfermos irrecuperables y afectados por dolores insoportables.
Después se pasó a enfermos mentales. Y finalmente llegó a justificar las medidas de exterminio de los judíos y de otros ciudadanos, incluidos los pertenecientes a otras razas no arias. El llamado “efecto tobogán” se puede constatar en muchos momentos de la historia.
Romano Guardini, profetizó que un día los llamados países democráticos copiarían muchas de las prácticas del nazismo. En la Europa democrática hace años que se repite un slogan escalofriante. Su rima en francés podría traducirse así: “La interrupción voluntaria de la preñez lleva a la interrupción voluntaria de la vejez”.
Claro que en los países democráticos las medidas que despenalizan o legalizan algunas acciones y comportamientos se presentan como voluntarias. A nadie se obliga a seguirlas. El tobogán se encarga posteriormente de difundir medidas discriminatorias para quienes las dificultad y aun las someten a discernimiento.
El efecto tobogán se manifiesta, finalmente, en una ulterior posibilidad. La disminución de la población a causa del aborto y la larga vida de los mayores han creado numerosos problemas económicos. Ahora bien, si el aborto ha enriquecido a muchos, ¿no ocurrirá algo parecido con la eutanasia?

José-Román Flecha Andrés
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martes, 12 de junio de 2018

Mensaje Bioética: CUIDADOS PALIATIVOS

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CUIDADOS PALIATIVOS
“Hay una gran diferencia entre eliminar los sufrimientos de una persona y eliminar a la persona para que no sufra”. Algo así ha dicho recientemente una gran especialista en el campo de los cuidados paliativos. Y tiene toda la razón.
Uno se pregunta por qué los políticos tienen tanto interés en promover y legitimar la eutanasia y tan poco interés en dedicar más fondos para aumentar y dotar las unidades de cuidados paliativos.
Otra pregunta inevitable: ¿Por qué los partidos políticos que surgieron para defender los derechos de los trabajadores y de los proletarios tienen tanto interés en promulgar leyes que atentan contra la dignidad de la persona?
Claro que esta segunda pregunta trae a nuestra mente otra tercera, que responde a la cuestión fundamental: ¿En qué se está poniendo la dignidad de la persona y quién es el que decide cuál es el límite entre defenderla e ignorarla?
Sobre este tema, por alguna parte aparecen citadas unas palabras del papa Francisco como si fueran una clamorosa novedad. Se olvida o se ignora lo que en tres afirmaciones muy claras ya se encontraba en el Catecismo de la Iglesia Católica:
• “Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden legítimamente ser interrumpidos.
• El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana, si la muerte no es buscada, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable.
• Los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón deben ser alentados” (n. 2279).
Esta doctrina refleja lo que previamente había afirmado ya la declaración vaticana “Iura et bona” sobre la eutanasia (5.V.1980). Allí se introducía una importante novedad sobre la doctrina tradicional. De hecho, en lugar de hablar de medios ordinarios y extraordinarios, se prefería la terminología de los medios proporcionados y desproporcionados a la hora de tratar a los enfermos graves o terminales.
De todas formas, el tema de la sedación para aliviar el dolor, evitando siempre la intención de dar la muerte, ya había sido previamente expuesto por el papa Pío XII en el otoño de 1947.
Por tanto, desde hace tiempo hay en la doctrina de la Iglesia católica una base largamente pensada para afrontar la cuestión del dolor sin necesidad de acudir al homicidio, educadamente encubierto bajo las etiquetas de la eutanasia, la muerte digna o la muerte por compasión.
La atención a los cuidados paliativos es una respuesta adecuada a la preocupación general del dolor en las situaciones más graves. Si el fin no justifica los medios, tampoco un sentimiento bueno podrá jamás justificar un fin malo.
José-Román Flecha Andrés

lunes, 23 de abril de 2018

Bioética: Manifiesto para el mundo posgenómico: “El gen. Una historia personal” de Siddhartha Mukherjee

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Un manifiesto para el mundo posgenómico: 
“El gen. Una historia personal”
de Siddhartha Mukherjee
Por Jorge Nicolás Lafferriere
www.centrodebioetica.org
19 de febrero de 2018

“La historia del nacimiento, el desarrollo y el futuro de una de las ideas más poderosas y peligrosas de la historia de la ciencia: el «gen», la unidad fundamental de la herencia y unidad básica de toda la información biológica” (p. 24) es el objetivo del libro titulado “El gen. Una historia personal” de Siddhartha Mukherjee (Debate-Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona, 2017, Traducción de Joaquín Chamorro Mielke, 700 páginas).

Mukherjee despliega una extraordinaria capacidad narrativa para tornar comprensibles complejos fenómenos y procesos de descubrimientos científicos. Para ello, como lo adelanta el título, recurre a historias personales, comenzando por la de su propia familia, y pasando por la de los científicos que han marcado hitos en este fascinante y peligroso camino de bucear en los orígenes mismos de la vida biológica y sus secretos más recónditos.

El autor es profesor de Medicina en la Universidad de Columbia y oncólogo en su hospital universitario y ha ganado el premio Pulitzer por su anterior libro titulado “El emperador de todos los males”, centrado en el drama del cáncer.

La obra combina así una amena narración, con precisas explicaciones científicas y esbozos de los problemas éticos, sociales y legales que fueron surgiendo a partir del creciente poder de conocimiento y dominio que la persona humana despliega sobre el genoma.

I. Una sinopsis del libro
Luego de un prólogo en el que el autor explica el motivo de su interés en el tema a partir de la experiencia familiar, la obra se estructura en seis partes. Cada parte y cada capítulo comienzan con certeros epígrafes que resumen su contenido esencial y en cada caso remite a los distintos trabajos publicados que fueron marcando hitos en el conocimiento y despliegue biotecnológico sobre el gen.

a) Mendel y el origen de la genética: Comenzando desde las indagaciones de Pitágoras, Platón y Aristóteles, el autor nos cuenta en paralelo las historias de Darwin y del monje agustino Gregor Johann Mendel para presentar los primeros pasos de descubrimiento del gen, sobre todo por los experimentos de éste último con guisantes, cultivados paciente y cuidadosamente durante tres años para observar y estudiar las características en torno al aspecto y color de las semillas, el color y posición de las flores, el color y la forma de las vainas y la altura de las plantas. El trabajo de Mendel de 1865 quedaría olvidado hasta en 1900 que es descubierto “tres veces” (p. 81) por Hugo De Vries, Carl Correns y Erich von Tschermak-Seysenegg y difundido por el biólogo William Bateson quien acuñó en 1905 el término “genética”, y a partir de allí se iniciaría una irrefrenable carrera global por penetrar esos secretos de la herencia. La primera parte se focaliza en el descubrimiento y el redescubrimiento de los genes (1865-1935).

La historia que cuenta Mukherjee no soslaya los aspectos sociales y políticos que fueron acompañando a los descubrimientos científicos. Así, ya en la primera parte el autor constata cómo, al mismo tiempo que se sucedían los experimentos que buscaban comprender las reglas de la herencia presentes en el gen, aparece el concepto de eugenesia de la mano de Francis Galton, primo de Darwin. En este sentido, el libro procura un tono descriptivo, aunque formula algunos interrogantes inquietantes éticos y sociales sobre los que luego realizaremos algunas consideraciones. Así, nos cuenta con detalle la historia de Carrie Buck, la mujer con padecimientos mentales que fue esterilizada por motivos explícitamente eugenésicos el 19 de octubre de 1927 luego de la sentencia Buck contra Bell de la Corte Suprema de EEUU del 2 de mayo de 1927.

b) Los mecanismos de la genética: La segunda parte comprende el desciframiento del mecanismo de la herencia (1930-1970) y se inicia con los experimentos con moscas que realiza en Columbia entre 1905 y 1925 Thomas Morgan que significaron un avance en el descubrimiento de la vinculación, intercambio, linealidad de mapas genéticos y distancia entre genes (p. 124). El autor releva también los trabajos de Ronald Fisher y Theodosius Dobzhansky sobre la conciliación entre genética y evolución, y los de Frederick Griffith sobre la transmisión de genes entre organismos, que son continuados por Oswald Avery quien descubre que los ácidos nucleicos “no solo son importantes solo estructuralmente sino que son sustancias funcionalmente activas ... que inducen cambios predecibles y hereditarios en las células” (p. 170).

También en esta segunda parte la eugenesia está presentada, ahora con toda su perversión en el sistema impuesto por el régimen nacionalsocialista en Alemania y la consagración de las vidas indignas de ser vividas.

Mukherjee nos ofrece en esta segunda parte una narración apasionada y entretenida de la carrera para develar la estructura tridimensional del ADN, con la participación de Maurice Wilkins, J.T. Randall, y Rosalind Franklin en el Laboratorio de Biofísica del King’s College de Londres y de James Watson y Francis Crick en Cambridge. La conexión entre el gen que contiene información y codifica una proteína que posibilita una función es explicada retomando a Morgan y presentando los estudios de George Beadle y Edward Tatum, los de Sydney Brenner y François Jacob (que coincidieron con los de James Watson y Walter Gilbert en Harvard) sobre el ARN intermediario. Luego nos presenta a Jacques Monod, quien junto con Jacob y Arthur Pardee descubrieron los principios que rigen la regulación de los genes (1959). El genoma era un proyecto activo, capaz de hacer uso de determinadas partes seleccionadas de su código en diferentes momentos y circunstancias. La segunda parte culmina presentando a quienes estudiaron la génesis de los organismos, es decir, los embriones, como por ejemplo Ed Lewis, Christiane Nüsslein-Volhard y Eric Wieschaus.

c) La secuencia del genoma: La tercera parte comprende el período entre 1970 y 2001 y se dedica a la secuenciación y clonación de genes. Aparecen los experimentos de Paul Berg, David Jackson, Janet Mertz, Herb Boyer, Stanley Cohen y otros para cortar y unir dos piezas de ADN y crear ADN recombinante. Frederick Sanger en Cambridge, por su parte, en 1977, publica la secuencia completa de un virus y se llega al lenguaje de los genes.

Los problemas éticos que atraviesan esta etapa están narrados sobre todo a partir de los Congresos de Asilomar y fundamentalmente la decisión tomada en 1975 de una moratoria en la combinación de información genética procedente de organismos muy diferentes. Para Mukherjee, a diferencia de lo ocurrido con los estudios que condujeron a la bomba atómica, en Asilomar “los científicos se habían alertado a sí mismos de los peligros de su propia tecnología, y habían tratado de regular y limitar su propio trabajo” (p. 276).

La tercera parte culmina con la historia de los incentivos económicos y la carrera por las primeras patentes biotecnológicas, especialmente por la que buscaba sintetizar insulina.

d) La genética humana: La cuarta parte se focaliza en la genética humana y se ubica en el período 1970-2005, presentando el desafío de “comparar nuevas formas de pensar sobre la naturaleza de la herencia, el flujo de información, la función y el destino. ¿Cómo interactúan los genes con diversos ambientes para mantener la normalidad frente a la enfermedad? ¿Y qué es la normalidad respecto de la enfermedad? ¿De qué manera las variaciones en los genes humanos causan variaciones en la formación y la función? ¿De qué manera múltiples genes influyen en un único acontecer? ¿Cómo puede haber tanta uniformidad entre los seres humanos y, sin embargo, tanta diversidad? ¿Cómo pueden las variantes en los genes mantener una fisiología común y, sin embargo, producir patologías únicas?" (p. 305).

La historia se concentra aquí en los estudios de Víctor McKusick sobre los vínculos entre la genética y las enfermedades humanas a partir del trabajo en la clínica Moore fundada en 1957 en la Universidad John Hopkins, quien se convirtió en “una enciclopedia andante de conocimientos sobre síndromes de origen genético” (p. 309). En este punto, Mukherjee resalta que McKusick, por su trabajo clínico tan intenso e interdisciplinario, no se focalizaba tanto en la “normalidad” cuanto en advertir que la falta de aptitud -la enfermedad- surgía de un desajuste relativo entre un organismo y su ambiente.

Nuevamente la obra ingresa en el terreno de las implicaciones sociales de los descubrimientos. En este caso, el libro señala las repercusiones inmediatas que tuvo en la medicina el fallo Roe vs. Wade de enero de 1973 de la Corte Suprema de Estados Unidos. En efecto, a partir de los conocimientos de diagnóstico prenatal que permitían detectar Síndrome de Down, de Klinefelter o de Turner, el autor señala: “Antes de la decisión del tribunal, las pruebas genéticas prenatales se encontraban en un limbo de indeterminación; se permitía la amniocentesis, pero la situación jurídica del aborto era desconocida. Sin embargo, con el aborto en el primer y segundo trimestre legalizado y la primacía del juicio médico reconocida, las pruebas genéticas iban a difundirse ampliamente en las clínicas y hospitales de toda la nación. Los genes humanos se habían vuelto «justiciables»” (p. 317). Así, el aborto selectivo de fetos afectados se había transformado en la principal intervención de la medicina genómica (p. 318). El problema iba más allá, pues ahora también se podía demandar a los médicos por el error de aconsejar correctamente para que los padres pudieran “abortar” a sus hijos con enfermedades, como quedó plasmado en el caso Park de 1979. Aquí el libro compara muy brevemente la eugenesia de principios de Siglo XX con la neoeugenesia de fines de Siglo.

La búsqueda del mapa genético es el eje del libro en esta parte, comenzando por David Botstein, Davis, Skolnick y Ray White (1980). Aquí vuelve a aparecer el estilo narrativo de Mukherjee, quien combina la historia personal de Nancy Wexler y la historia detrás del descubrimiento de la variante genética que origina la “corea de Huntington” (p. 332). Hace su entrada aquí en el libro el Proyecto Genoma Humano que partía de la aspiración de secuenciar por completo los 3.095.677.412 pares de bases (p. 347). Se presenta la pulseada entre el emprendimiento público liderado por Watson y Zinder, inicialmente, y luego por Francis Collins, y el privado de Craig Venter y su empresa Celera. Así llegamos al anuncio del 26 de junio de 2000 del primer mapa del genoma humano hecho en la Casa Blanca con la presencia de Venter, Collins y el presidente Clinton.

e) La normalidad y la identidad: La quinta parte comprende el período 2001-2015 y se refiere a la genética de la identidad y la normalidad. El autor advierte dos transformaciones operadas en la genética: se había pasado del terreno de la patología al de la normalidad y se organiza la investigación en torno a campos distintos aunque parcialmente superpuestos, como la raza, el género, la sexualidad, la inteligencia, el carácter y la personalidad (p. 389). Así, haciendo un breve rastreo de los orígenes humanos a partir del genoma mitocondrial, el libro se adentra en el problema de la diversidad genética del genoma humano. Así, quiere enfatizar que “cada genoma lleva la firma de la ascendencia de un individuo, pero la ascendencia racial de un individuo poco predice sobre su genoma” (p. 402). Sobre el tema del género, es interesante el relato que el libro hace sobre el doloroso caso de David Reimer y otros de reasignación sexual que fueron “problemáticos y penosos” (p. 429). Allí señala que “existe ya un creciente consenso médico sobre la necesidad de atribuir, salvo muy raras excepciones, a los niños su sexo cromosómico (es decir, genético) con independencia de las variantes y diferencias anatómicas (con la opción de cambiar si más adelante es lo que se desea)” (p. 431).

“Género. Preferencia sexual. Temperamento. Personalidad. Impulsividad. Ansiedad. Elección. Uno tras otro, los aspectos más místicos de la experiencia humana se han visto poco a poco circundados por genes.” (p. 455). Ahora bien, el libro explica una suerte de funcionamiento en cascada de los genes y distingue entre los genes reguladores maestros que tienen un efecto binario, con otros genes, con sus variantes o mutantes, que están en escalones inferiores y que sus alteraciones inciden en propensiones, que se entrelazan con diversas señalas y oportunidades ambientales, con resultados muy diversos (p. 456).

El autor ingresa luego en el campo de la epigenética, para referirse a la memoria genética y la regulación de los genes. Aquí narra los estudios de Conrad Waddington, John Gurdon y Mary Lyon. También se refiere a los experimentos de Shinya Yamanaka, quien logró reprogramar células para que volvieran a un estadio parecido al de células madre embrionarias. El autor, con todo, previene contra ciertas ideas simplistas de la epigenética, como si las dietas, exposiciones, recuerdos y terapias pudieran alterar fácilmente la herencia (p. 478). Con esta incorporación del factor ambiental y la epigenética, se completa la quinta parte que de alguna manera pone fin a los desarrollos históricos, sobre todo con una breve recapitulación de las leyes fundamentales de la biología en lo que concierne a la información: los genes codifican ARN para construir proteínas para formar o regular organismos que sienten ambientes que influyen en las proteínas y el ARN que regulan los genes (p. 482). El punto final de la quinta parte describe los estudios de Jack Szostak quien ha intentado reconstruir el origen de los genes.

f) El futuro de la genética: La sexta parte se llama posgenoma y plantea el estudio de la genética del destino y del futuro, iniciada en 2015. Se abre con la significativa cita de Karl Popper: “quienes nos prometen el paraíso en la Tierra no nos traerán sino un infierno” (p. 487). Comienzan narrando los orígenes y límites de la terapia génica con los estudios de William French Anderson y Michael Blaese. y el trágico experimento que provocó la muerte de Jesse Gelsinger en 1999 y la posterior paralización de esas terapias. Luego presenta los desarrollos en los diagnósticos genéticos y el surgimiento de “previvientes”, es decir, persona que conocen con anticipación condiciones patológicas futuras y tienen que vivir con esa carga existencial. Aquí aparecen los estudios vinculados con el cáncer de mama, con la esquizofrenia y el desorden bipolar y la historia de Erika, una niña de 15 años con dos mutaciones en su genoma que alteran la capacidad de las células nerviosas para enviarse señales y el movimiento coordinado de sus músculos. El impacto que le produjo conocer a Erika lleva al autor a contar su historia y preguntarse: “¿Deberíamos considerar la opción de que los padres puedan solicitar la secuenciación completa de los genomas de sus hijos e interrumpir embarazos en caso de que se detecten mutaciones genéticas tan devastadoras como la de Erika?” (p. 530). El autor elige estos tres casos para mostrar el amplio espectro de enfermedades genéticas y los enigmas del diagnóstico genético. Aquí el libro considera las problemáticas sociales y éticas implícitas en estos problemas. Volveremos luego sobre el punto.

El último capítulo se refiere a las nuevas terapias génicas y el planteo de los “posthumanos” (p. 542). Recordemos que por bajo el rótulo “post-humanismo” (o también “transhumanismo”) se ha generado un movimiento de ideas, todavía heterogéneo, que postula la utilización de las tecnologías para lograr una superación del ser humano en sus límites vulnerables y lograr así un ser más “evolucionado”. Aquí el autor explica que se puede intentar modificar el genoma de células no reproductivas o reproductivas. Y desarrolla cómo, a partir de los estudios sobre células estaminales embrionarias de James Thomson, se fue abriendo camino la experimentación con embriones para procurar modificar su genoma. Se presenta luego los estudios de Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna que han desarrollaron un sistema llamado CRISPR/Cas9, publicado en 2012, que permitía la “edición genética”. El autor explica las posibilidades técnicas de llegar a generar un embrión genéticamente modificado, por ejemplo a partir de espermatozoides y óvulos genéticamente modificados (p. 554). El libro cuenta también los inquietantes estudios que ya se han hecho en China con experimentación de la edición genética en embriones humanos (p. 559).

La sexta parte finaliza con la propuesta del autor de un “Manifiesto” para un mundo posgenómico, luego de señalar que “el quid de la cuestión no es entonces la emancipación genética (liberarse de las limitaciones que imponen las enfermedades hereditarias), sino la mejora genética (liberarse de los actuales límites que el genoma humano impone a la forma y al destino en sus codificaciones)” (p. 559).

En el epílogo, el autor se refiere a tres proyectos enormes que tiene la genética humana y que se vinculan con la discriminación, la división y la reconstrucción final (p. 568). “El primero es discernir la naturaleza exacta de la información codificada en el genoma humano” (p. 568). El segundo es “comprender cómo se combinan los elementos en el espacio y en el tiempo para fundamentar la embriología y la fisiología humanas, la especificación de las partes anatómicas y el desarrollo de rasgos y características distintivos de un organismo” (p. 569). Y el tercero sería determinar si cierta permutación de genes produciría cierto efecto en el futuro, incluso si ese efecto lo rigen una multitud de genes.

El libro culmina preguntándose “¿qué es natural?” y afirmando: “Nuestro genoma ha negociado un frágil equilibrio entre fuerzas opuestas, emparejando hebras opuestas, mezclando pasado y futuro, y enfrentando la memoria al deseo. Es lo más humano que poseemos. El gobierno que ejerce sobre nosotros puede ser la raíz misma de todo conocimiento y discernimiento en relación con nuestra especie” (p. 578).

II. Algunas consideraciones bioéticas
El libro tiene un tono descriptivo, pero no ahorra claras condenas a la eugenesia y la discriminación con fundamento genético. Será sobre todo en la sexta parte en la que se plantean los dilemas morales subyacentes a los increíbles desarrollos científicos y tecnológicos que el libro reseña con su estilo narrativo tan ameno y comprensible.

Justamente, en p. 536 hablando de los diagnósticos genéticos, el autor afirma: “No hace falta ver una película como Gatttaca para recordar lo profundamente desestabilizadora que podría ser esa idea [la de expandir los diagnósticos a todo tipo de enfermedades en forma previa al posterior aborto]. No tenemos modelos o metáforas para aprehender un mundo en el que el futuro del niño sea analizado en términos de probabilidades, o en que un feto sea diagnosticado antes de nacer o se convierta en un «previviente» aún antes de la concepción... La historia de la genética humana nos ha recordado una y otra vez que «saber» comienza a menudo con un énfasis en «discernir», pero termina con un énfasis en «discriminar»”. Y señalando el futuro de diagnósticos e intervenciones genéticas ilimitadas, Mukherjee sostiene: “Puede que las intervenciones individuales no crucen la frontera que las separa de la transgresión -de hecho, algunas de ellas, como los tratamientos contra el cáncer, la esquizofrenia y la fibrosis quística, persiguen objetivos médicos legítimos-, pero hay aspectos de este mundo que son manifiestamente, y hasta repulsivamente, siniestros” (p. 575).

Los tres principios “tácitos”: así como el autor hace una reseña crítica de la historia de la eugenesia y la tendencia hacia la discriminación, a mi entender permanece en un enfoque pobre y reductivo en lo que refiere a la situación de las intervenciones genéticas y sus límites morales hoy. En efecto, en p. 537 señala que “hasta hace poco, tres principios tácitos habían regido el campo del diagnóstico y la intervención genéticos. En primer lugar, las pruebas diagnósticas han estado en gran medida restringidas a variantes genéticas singulares que causan enfermedades, es decir, a mutaciones altamente penetrantes, en las cuales la posibilidad de desarrollar la enfermedad se acerca al ciento por ciento (síndrome de Down, fibrosis quística, enfermedad de Tay-Sachs). En segundo lugar, las enfermedades causadas por estas mutaciones han provocado por regla general sufrimientos extraordinarios o incompatibilidades fundamentales con una vida «normal». Y, en tercer lugar, las acciones justificables -la decisión de abortar un feto con Síndrome de Down, por ejemplo, o de intervenir quirúrgicamente a una mujer con una mutación del BRCA1- han quedado definidas mediante el consenso médico y sometidas a la libertad de elección”. El autor constata, no obstante, que “estos límites se traspasan” (p. 538).

Ante los problemas que esas transgresiones provocan (por ejemplo, la propuesta de contar con el genotipo de todos los niños de una escuela para clasificarlos según mejores o peores), el autor vuelve a preguntarse “¿qué es lo normal?” (p. 540). Y cuestiona: “Si la historia del siglo pasado nos enseñó lo peligroso que puede resultar el que los gobiernos tengan poder para determinar la «aptitud» genética..., la cuestión que nos plantea la época actual es la de las consecuencias que pueda acarrear el traspaso de ese poder al individuo” (p. 541).

El libro intenta quedar en el plano de la descripción de los principios “tácitos” con los que hoy actúan los tecnocientíficos y sus cuestionamientos aparecen formulados en términos más cautos y sobre todo en forma de interrogantes. Al respecto, creo que falta en la obra un análisis más de fondo de la contradicción subyacente en afirmaciones como las que hemos transcripto, en que se señala al Síndrome de Down como una mutación que justifica el aborto, y luego se cuestiona qué es lo normal. El autor parece adherir a un criterio más abierto y no discriminador de esa “normalidad”, pero falla en lo esencial que es reconocer el valor inalienable de toda vida humana.

En tal sentido, la obra nos vuelve a recordar la urgencia de profundizar las exigencias jurídicas de la dignidad para poder interpelar de forma decisiva e integral a este mundo que está pasando de la eugenesia planificada por el gobierno a una eugenesia liberal, basada en las elecciones de cada individuo, igualmente dañina y discriminatoria.

El drama de todos estos desarrollos biotecnológicos es que, al perder el horizonte de la dignidad humana, como elemento normativo y que señala fines inherentes a la naturaleza humana, terminan asumiendo respuestas formales y temporarias (como las moratorias) que terminan siendo funcionales a intereses biotecnológicos que degradan al ser humano a su realidad puramente biológica.

La tensión entre curación y mejora: el libro pone en el centro del problema del futuro de la genética a la distinción entre intervenciones propiamente terapéuticas (objetivos médicos legítimos) y las de mejora. Se trata de uno de los debates globales más candentes del momento. En este sentido, el autor parece inclinarse, por las citas que hemos transcripto, por una prohibición de esas mejoras, pero en su “manifiesto” el problema queda abierto y señala que “necesitamos nuevos preceptos biológicos, culturales y sociales para determinar qué intervenciones genéticas pueden ser permitidas o restringidas y las circunstancias en que estas intervenciones pueden ser seguras o permisibles” (p. 565).

El ser humano es biología, pero mucho más que biología. La fascinante capacidad que el ser humano ha demostrado de conocer y dominar sus propios procesos biológicos, necesita de una igual y proporcionada capacidad de orientar de manera propiamente humana esos desarrollos para que sirvan a cada persona y no sean instrumento de nuevas formas inaceptables de dominación y discriminación.

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martes, 27 de febrero de 2018

Bioética: Una vida que tiene derechos y nuestra misma dignidad

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Víctor Manuel Fernández                        25 de febrero de 2018
No quiero hablar sobre este tema desde la religión, sino desde la razón y los sentimientos. Además pido disculpas al hacerlo, porque este asunto conlleva muchos sufrimientos, y soy consciente de mis propios errores e incoherencias.

A veces quisiéramos eliminar a todos los que tienen mal carácter, porque pensamos que estaríamos más tranquilos, sufriríamos menos. Pero no podemos.

Algunos no tienen las mismas ideas que nosotros. Desearíamos borrarlos de la existencia para que dejen de difundir ideologías desagradables. Pero reconocemos que no podemos.

En ciertos períodos de nuestra historia se intentó trasladar a todos los pobres lejos de la ciudad de Buenos Aires, para que pareciera que no existían, y a algunos de ellos se les quitó la vida. Otros desearían destruir a los ancianos, a los inmigrantes, a los de piel oscura. Pero hasta allí no pueden llegar.

El niño que fue gestado como resultado de una violación está molestando. Es el testigo mudo que recuerda un hecho doloroso. Surge el deseo de eliminarlo, como si de ese modo se borrara lo que pasó. Esa vida aparece en un momento inoportuno, perturba, complica la existencia. Es comprensible que brote el deseo de destruirlo. Pero simplemente no podemos. Es un ser humano, biológicamente distinto del óvulo, diferente a la vida de su madre y con el mismo código genético que tendrá cuando sea un adulto.

No lo dice la religión, lo enseña la ciencia. No es un pedazo de la mujer ni un grano. Aunque no lo veamos, aunque sea pequeño, es un ser humano. Claro que ese embrión todavía tiene que desarrollar esas características que ya posee, pero realmente las tiene en su realidad biológica y en su composición genética.

Del mismo modo, nadie deja de ser humano si un golpe o una enfermedad le impiden ejercer sus capacidades mentales y expresarse. Su valor va más allá de lo que pueda hacer. Se trata de algo que está detrás de eso: su ser, inalienable e inviolable.

Si afirmáramos que un ser humano no se puede matar cuando tiene más de tres meses, pero sí cuando tiene unas horas menos, ¿qué racionalidad hay allí? Entonces siempre habrá algún argumento para borrar una vida humana: porque tiene alguna discapacidad, porque es demente, porque es anciano, porque es deforme, porque no sirve al sistema? ¿Por qué no? No nos quedarían razones de fondo para defender una vida humana, más allá de las conveniencias pragmáticas. Los derechos humanos quedarían colgando de un hilo, sin fundamentos que no estén sujetos a discusión.

¿Y si lo que la embarazada lleva en su seno es otra mujer? Puede producirse esta paradoja: facilitar el aborto sería permitir que una mujer, con el pretexto de que ella no es una propiedad, pueda tratar a su hija en gestación como una propiedad desechable. En este caso, la embarazada o quien la induce a abortar es quien tiene el poder, y la niña en gestación es la más débil.

Si una mujer mata al niño en un momento de desesperación, ¿quién podría ensañarse con ella? ¿Quién tendría la terrible vanidad de arrojar la primera piedra? Pero una cosa es comprender la angustia que puede vivir una mujer ante un embarazo no deseado y buscar los caminos para darle una mano. Otra cosa es que la sociedad decida crear un instrumento legal para facilitar una decisión que afecta a un ser humano, a ese pequeño ser humano que posee nuestra misma dignidad y no tiene modo de defenderse.

Nosotros construimos un mundo distinto con las opciones que vamos tomando, con el tipo de sociedad que vamos eligiendo, con los ideales que expresamos a través de nuestras leyes. En torno a los niños es posible actuar en una línea positiva. Sus madres necesitarían una contención no solo económica sino psicológica, sobre todo cuando esos chicos no han sido deseados.

También hay tanto por hacer para facilitar y acompañar la adopción de esos niños. Hay muchas acciones posibles, la única respuesta no puede ser la muerte. Tanto la sociedad como la Iglesia hemos hecho poco al respecto.

Sin embargo, la salida más rápida y económica de un legislador, solución mezquina y cómoda, es proponer leyes que permitan eliminar los niños en gestación como si nada pasara. Podrán hacerlo, pretendiendo resolver un mal con otro mal más terrible, pero con eso no nos darán un mundo mejor. Estarán utilizando su poder para tomar decisiones respecto de los más frágiles de nuestra sociedad. Se atribuirán el derecho escalofriante de facilitarnos decidir si vale la pena una vida humana o no, si algunos merecen vivir o no.

Menos mal que no tuvieron ese fin Einstein, Marie Curie, Gandhi, Leonardo da Vinci, Frida Kahlo, Edith Piaf o Mandela. Menos mal que nadie decidió por ellos si debían vivir o no. Pero como todo ser humano tiene una dignidad inalienable, lo mismo vale para el más limitado de los discapacitados. ¿Quién puede juzgar acerca del misterio de su vida hasta el punto de quitarle la posibilidad de pasar por esta tierra?
                                                       Rector de la Universidad Católica Argentina (UCA)
                                                                                                                                     LA NACIÓN

lunes, 26 de febrero de 2018

BIOÉTICA: "DEL ALQUILER DEL VIENTRE A LA EUGENESIA"

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DEL ALQUILER DEL VIENTRE 
A LA EUGENESIA
El nacimiento de Louise Brown por fecundación artificial, en el año 1978, fue el inicio de muchos experimentos sobre la reproducción humana asistida. En el año 1984 se hablaba ya de la maternidad subrogada. Pronto se hizo famoso el tema de los llamados “úteros de alquiler”.
Muchos veían esta posibilidad como un inmenso paso de la técnica moderna para favorecer la paternidad o maternidad de algunas personas. Las objeciones morales que se planteaban les parecían ridículas ante los éxitos obtenidos. De pronto, el fin venía a justificar cualquier medio para obtenerlo.
Andando el tiempo, las noticias han sido más ambiguas. Se ha hablado de Crystal Kelley, contratada en el 2013 por un matrimonio que le pagó 22.000 dólares para gestar a su hija. Al saber que la bebé tenía labio leporino, paladar hendido, un quiste en el cerebro y complicaciones en el corazón, la pareja le ofreció 10.000 dólares más para que abortara. Pero ella rechazó esa propuesta.
El día 25 de noviembre de 2015 el New York Post contaba que Melissa Cook había sido contratada por un hombre para gestar un embrión, producto de la fecundación con su semen y los óvulos de una joven donante. Al saber que la gestante estaba esperando trillizos, el varón lanzó contra ella amenazas económicas si no abortaba uno de los fetos. 
Hoy muchas personas han llegado ya a admitir como normal la práctica de la eugenesia, tan promovida y practicada en el siglo pasado por los “nazis”.
Es verdad que ahora no se trata de seleccionar los hijos de acuerdo con la raza. Pero se los acoge o rechaza a tenor de las cualidades o defectos que presenten. De todas formas, unas personas deciden si otras personas tienen derechos a vivir o no.
La maternidad subrogada o recurso a los “úteros de alquiler” permite la selección del bebé y el asesinato o el abandono del descartado. Y revela que la mujer contratada puede ser considerada no sólo como una esclava, sino como una máquina gestante.
La maternidad subrogada establece un subsistema familiar que separa la paternidad genética de la maternidad de la gestante. No sólo atenta contra el equilibrio emocional de la mujer, sino que lesiona los derechos del bebé a ser concebido en el seno de una pareja estable.
En realidad, esta práctica que ve el alquiler de los vientres como una solución a la infertilidad viola los derechos de las personas, que nunca deberían ser consideradas como animales de reproducción o como máquinas de gestación.
No es extraño que el Parlamento Europeo haya adoptado el Informe anual de 2014 sobre los derechos del hombre y la democracia y sobre la política de la Unión Europea en esta materia. En él se condena la “gestación por sustitución por atentar contra la dignidad de la mujer, cuyo cuerpo y función reproductiva son utilizadas como mercancías”.
José-Román Flecha Andrés

viernes, 15 de septiembre de 2017

Bioética: Dominar el Dominio

DOMINAR EL DOMINIO
A veces se ha acusado a los seguidores de la Biblia, tanto judíos como cristianos, de haber contribuido de forma dramática al deterioro del medio ambiente. Se dice que nos hemos tomado tan en serio el mandato divino de “dominar la tierra” que hemos terminado por explotarla sin consideración alguna.
Frente a esa acusación, hay que repetir que el mandato bíblico de "dominar la tierra" no significa una licencia absoluta para el expolio de la naturaleza. El ser humano ha sido creado “a imagen y semejanza de Dios” (Gén 1,26-27). Es el visir y vicario de Dios. A él ha sido confiado el cuidado respetuoso del jardín de la creación.
En cuanto seres humanos, nos hemos habituado durante milenios a dominar el mundo, como si fuera de nuestra propiedad. En cuanto creyentes, hemos de aprender a dominar nuestro propio afán de dominio.
El respeto hacia el mundo creado debe convertirse en objeto de la reflexión moral, de la educación y de la espiritualidad. No hay que añadir una nueva lección sobre el respeto al mundo y a la vida. Hay que procurar que el amor a la vida y el cuidado por los vivientes y su hogar impregnen toda la reflexión y la catequesis sobre la virtud.
En su mensaje para la Jornada de la paz de 1990, Juan Pablo II afirmaba que "la austeridad, la templanza, la autodisciplina y el espíritu de sacrificio deben conformar la vida de cada día". No se trata de promover la austeridad por sí misma. Se trata de no imponer más cruces sobre los hombros humanos: "a fin de que la mayoría no tenga que sufrir las consecuencias negativas de la negligencia de unos pocos".
Los ecologistas propugnan la necesidad de cambiar de paradigma. En su encíclica sobre el cuidado de la casa común, publicada el 24 de mayo de 2015, también el papa Francisco ha escrito que “Muchas cosas tienen que reorientar su rumbo, pero ante todo la humanidad necesita cambiar”       (LS 202).
Y más adelante añade: “No pensamos solo en la posibilidad de terribles fenómenos climáticos o en grandes desastres naturales, sino también en catástrofes derivadas de crisis sociales. La obsesión por un estilo de vida consumista, sobre todo cuando solo unos pocos pueden sostenerlo, solo podrá provocar violencia y destrucción recíproca” (LS 204). 
El hombre es la única criatura capaz de preocuparse por las diversas especies. Por eso mismo le corresponde la tarea de proteger el equilibrio global de la tierra. Él ha de programar una auténtica "ecología humana". Creyentes y nos creyentes hemos de pensar qué significa ser humanos y cuál es nuestra responsabilidad en el mundo.
Los cristianos hemos de ver qué nos exige hoy creer en un Dios creador. Y hemos de considerar las consecuencias del mandato del amor, que Jesús nos dejó como santo y seña de nuestra identidad. La responsabilidad ecológica brota de la fe, de la esperanza y de la caridad.
José-Román Flecha Andrés
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viernes, 21 de agosto de 2015

Bioética: ¿Cuánto cuesta un óvulo? Avanza una acción de clase en EEUU


¿Cuánto cuesta un óvulo?
Avanza una acción de clase en Estados Unidos
Por Jorge Nicolás Lafferriere

www.centrodebioetica.org                                                     10 de agosto de 2015
Avanza en Estados Unidos una acción de clase contra la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (American Society for Reproductive Medicine - ASRM) y la Sociedad de Tecnología de Asistencia Reproductiva (Society for Assisted Reproductive Technology - SART) por considerarse que las restricciones al precio de los óvulos que surgen de las directivas emanadas de esas instituciones constituyen una violación a la sección 1 de la ley anti-trust (conocida como "Sherman Antitrust Act").
La acción: En 2011 Lindsay Kamakahi, una dadora de óvulos para fines reproductivos, inició esta acción de clase en tanto sostuvo que existe una acuerdo ilegal para fijar el precio de los óvulos de modo de obtener ganancias desmedidas violando las reglas de la competencia. En 2013 se rechazó una defensa alegada por las sociedades reproductivas para que se desestime la demanda. Posteriormente, la acción fue considerada parcialmente admisible en febrero de 2015 por la Corte Federal de Distrito de California del Norte y ahora se ha fijado una audiencia para el 11 de septiembre de 2015. El expediente se titula "Lindsay Kamakahi v. American Society For Reproductive Medicine, Society for Assisted Reproductive Technology and Pacific Fertility Center" (Civil Action Case No. 11-Cv-1781).
Los lineamientos cuestionados: Tanto la ASRM como la SART consideran éticamente aceptable compensar a los donantes de gametos con una suma de dinero razonable. En 2000 un informe del Comité de Ética de ASRM sostuvo que los pagos a las mujeres que proveen óvulos debe ser justo y no tan sustancioso como para que se produzca una incentivo indebido para que las donantes desestimen los riesgos”. En ese informe sostuvo que si se les paga a las donantes de óvulos la misma tasa por hora que los donantes de esperma, el pago a las mujeres sería entre u$s 3.360 y u$2 4.200 por cada ciclo de donación. En 2007, la ASRM a través de su comité de ética fijó nuevos lineamientos para la compensación financiera por la dación de óvulos y estableció que no se debía pagar más de u$s 5.000, que las sumas superiores requerían justificación y que una suma superior a u$s 10.000 era inapropiada. Los lineamientos también sostienen que los pagos no pueden estar asociados a factores como las características personales o étnicas de las donantes.
La demanda: La acción de clase abarca a mujeres que dieron óvulos desde 2007 a 2011 con fines reproductivos. Las demandadas son las clínicas que integran la SART y las agencias que intermedian para obtener óvulos que cumplen con las directivas de la SART y la ASRM. La demanda se basa en los principios de defensa de la competencia que excluyen la posibilidad de colusión para fijar un precio en un mercado particular y se sostiene que ello es contrario a la ley Sherman. En su demanda, Kamakahi arguye que a pesar que la dación de óvulos es mucho más dolorosa y riesgosa que la dación de esperma, a las mujeres se les paga la misma suma por hora que un varón y el precio pagado no contempla las diferencias. Además, entiende que los lineamientos constituyen una arbitraria restricción a la libre competencia y alega que es ilegal el acuerdo de fijación del precio de los óvulos.
Hasta u$s 50.000 por óvulos: En un artículo publicado en el Hastings Center Report en 2010 se estudia la problemática y se señala la existencia de numerosas violaciones al tope de u$s 5.000 establecido en los lineamientos de la American Society for Reproductive Medicine, reportando la existencia de avisos en periódicos universitarios que llegaron a ofrecer u$s 50.000 por óvulos[1]. También se señala que el precio variaba según el nivel intelectual de los estudiantes destinatarios de los avisos, e incluso en algunos casos se ponían condiciones vinculadas con la apariencia y la etnia de las potenciales dadoras. Mientras que el "precio" de los gametos masculinos no plantea una cuestión comercial, la cuestión es distinta en los óvulos pues estos gametos son escasos, es mucho más complejo obtenerlos, es un tratamiento invasivo y con mayores riesgos para la mujer.

Apreciación bioética
El caso tiene múltiples aristas, desde la procedencia o no de la acción de clase, hasta la cuestión referida a si es aplicable una ley de defensa de la competencia a la dación de óvulos. A continuación ofrecemos algunos comentarios desde la bioética:

1) Comodificación del cuerpo humano: la demanda deja en evidencia cómo la intermediación técnica en la reproducción lleva a la inevitable transformación del cuerpo humano en un "commodity", es decir, una cosa apreciable económicamente y sometida a las reglas del mercado. Al respecto, en la medida en que hay intermediación técnica, hay un servicio oneroso y ese servicio tiene como "materia prima" a los gametos. Así, si se admite la dación de los gametos para concebir un niño, entonces se admite que los gametos tengan un precio. Y ese precio tendrá en cuenta muchos elementos, incluyendo la apariencia física, la etnia, el nivel intelectual y otras características de los dadores. El problema también se traslada a los "embriones" que quedan bajo un precio en la medida que no se pagaría lo mismo por un embrión con gametos "baratos" que otro con "caros".

2) Problema sin solución: la cuestión que subyace a esta acción de clase no tiene una solución éticamente aceptable. En efecto, en tanto impera una lógica liberal que maximiza el beneficio y que no reconoce límites morales objetivos, resulta consistente con tal lógica que las mujeres que proveen los óvulos pretendan maximizar sus ganancias por la dación, máxime si también las clínicas de fertilidad se rigen por esa misma búsqueda de ganancias y cobran según características buscadas por los requirentes. Sin embargo, ello conduce a consolidar acciones eugenésicas que buscan al "mejor hijo posible". El hijo deja de ser un don y pasa a ser un producto. En definitiva, siempre que se admite legalmente la dación de gametos con fines reproductivos se introduce una lógica que tiende a considerar al hijo como el resultado de una lógica productiva.

3) Explotación de las mujeres: aunque en este caso son mujeres las que reclaman participar en las ganancias de la industria reproductiva, la experiencia enseña que esta industria tiende a recurrir a las mujeres más necesitadas para obtener sus óvulos. Estas mujeres suelen desestimar los riesgos de este tipo de intervenciones en razón del estímulo económico. Igualmente, cabe preguntarse si puede hablarse de un auténtico consentimiento informado cuando median incentivos económicos tan poderosos. Este tema ha sido muy estudiado en Estados Unidos por Jennifer Lahl y el Centro de Bioética y Cultura, como lo hemos señalado en otras oportunidades. 
El caso que comentamos deja en evidencia la tendencia mercantil y productiva que rige hoy la industria de las biotecnologías aplicadas a la procreación y que suponen una transformación profunda. La transmisión de la vida se aleja de la gratuidad propia de considerar al hijo como don, y entra en el terreno de la producción que transforma al hijo en un producto, violentando el fundamental principio de respeto a la dignidad humana.

Fuentes:
[1] AARON D. LEVINE, "Self-Regulation, Compensation, and the Ethical Recruitment of Oocyte Donors," Hastings Center Report 40, no 2 (2010): 25-36.

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Bioética: Óvulos a cualquier precio


Óvulos a cualquier precio para parejas infértiles canadienses

Por Leonora Chapman | amlat@rcinet.ca                                              Domingo 30 marzo, 2014 

Diez años después de la adopción de una ley federal que prohíbe la compra de esperma u óvulos en Canadá, el comercio de óvulos no se detiene. Se trata de un mercado “gris”, al límite de la legalidad, que se ha desarrollado para satisfacer la creciente demanda de las parejas infértiles canadienses.Alexis Rainwater, donante de óvulos

Alexis Rainwater, una joven de Missouri, EEUU, llegó a Montreal el pasado verano para hacerse extraer sus óvulos. Los óvulos eran para una mujer infértil que le pagó 6500 dólares por ellos. Una mujer muy nerviosa, según Alexis Rainwater .

“Ella no quería ningún registro escrito de pago, ” dice Alexis Rainwater .
En Estados Unidos se permite remunerar a las donantes, a diferencia de Canadá, donde la ley prevé penas muy severas para los infractores. Esta prohibición causó una penuria de donantes.
Toda una industria transfronteriza entonces se ha desarrollado, con agencias especializadas que juntan a donantes de óvulos y parejas infértiles.
El recurso a donantes de estadounidenses es una manera de burlar la estricta ley canadiense. Un equipo de Radio Canadá del programa Enquête llamó a unas treinta clínicas de fertilidad en todo el país afirmando que buscaban una donante. Cinco de ellas han recomendado a agencias especializadas en los Estados Unidos, que envían donantes remuneradas a Canadá.
Una gran confusión legal rodea a estos acuerdos transfronterizos. Salud Canadá afirma que “en general, puede que no haya ninguna violación de la ley si la operación financiera se lleva a cabo en su totalidad en el extranjero.”
Sin embargo, muchos centros de fertilidad de Canadá, como el Centro Reproductivo de McGill , no aceptan lidiar con las agencias de donantes estadounidenses, como lo indica Lise Doiron, enfermera del centro.
“Sabemos que esas donantes fueron remuneradas entonces no aceptamos tomarlas aquí para el tratamiento”.
Intermediarios canadienses
Servicios de consultores canadienses ofrecen también sus servicios para poner en contacto a las posibles donantes y las parejas infértiles. Encontramos tres. Ellos dicen que no pagan a las donantes de óvulos. Pero ofrecen reembolso de gastos que varían entre 4.000 y 5.000 dólares.
Estas empresas operan en un gran limbo legal. La Ley sobre la Procreación asistida había previsto originalmente reembolsos de gastos posibles para las donantes de óvulos. Sin embargo, los reglamentos que debían definir los montos y gastos legítimos nunca fueron adoptados. Salud Canadá afirma que ” el reembolso de los gastos no debe proporcionar beneficios financieros y, en general debe hacerse después de la presentación de los recibos”.
Estos intermediarios no lo exigen. Ellos sólo quieren un resumen de los gastos. ¿Es una forma de compensar a las donantes, centrándose en las ambigüedades de la ley?
¿Se protege suficientemente a la donante?
Kylee Gilman, una joven donante estadounidense, inició una demanda contra un médico canadiense. En 2011, una agencia estadounidense la había enviado a una clínica en Toronto.
Tras la extracción de sus óvulos, desarrolló una forma muy severa del síndrome de hiperestimulación ovárica. Le habían extraído 45 óvulos, un número inusualmente alto.
La punción de demasiados óvulos es uno de los factores de riesgo de desarrollar el síndrome de hiperestimulación ovárica. En su demanda, la mujer acusa al médico canadiense de haber estimulado demasiado sus ovarios y de negligencia después del tratamiento.
“Si usted es una donante, y viene de una agencia de Estados Unidos, es la paciente de quién? ” pregunta el Dr. Arthur Leader , co -fundador del Centro de Fertilidad de Ottawa. El médico cree que tales acuerdos transfronterizos no permiten una buena atención médica de las donantes.
Muchos médicos y expertos en bioética están convencidos también de que la naturaleza clandestina del mercado no regulado aumenta el riesgo para las donantes, que dudan en ponerse en contacto en caso de complicaciones clínicas. Tampoco hay registro público en Canadá para un seguimiento médico de las donantes a corto y largo plazo. “Es como un experimento”, dice Claire Burns, de Toronto, co – fundadora del primer foro de intercambio para donantes de óvulos, We Are Egg Donors.
Hace 10 años, Canadá se dotó de una ley para impedir la comercialización de material reproductivo y proteger mejor la salud de las mujeres. Ninguno de estos objetivos fue alcanzado.

http://www.rcinet.ca/es/2014/03/30/ovulos-a-cualquier-precio-para-parejas-infertiles-canadienses/