domingo, 29 de julio de 2018

Video Bioética: Plenario de Comisiones del Senado Argentino "Interrupción Voluntario del Embarazo" Exposición - Disertación de la Dra. Julia Elbaba - (YouTube) -

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Mensaje Bioética: EUTANASIA Y CLARIDAD

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EUTANASIA Y CLARIDAD
Ante las cuestiones relativas a la vida y a la muerte, a las motivaciones reales de las decisiones se suelen mezclar juicios y prejuicios fuertemente arraigados en los hábitos personales y sociales.
No falta quien ha aprovechado la legalización de la eutanasia para arremeter contra las “horribles religiones monoteístas” e invocar, aun poéticamente, el retorno al paganismo helénico como modelo de humanidad y libertad. Al fin da la cara una de las razones de tanta sinrazón.
Por parte de algunos, se propugna el retorno a un paganismo precristiano. La pena es que se olviden unos cuantos ingredientes del paganismo helénico: el infanticidio, la esclavitud y el desprecio a los enfermos incurables, que ya predicaba Platón. Además, no se olvide que Aristóteles justificaba la esclavitud y que el mundo griego inventó el “ostracismo”.
Y, lo peor de todo, se ignora o se olvida que en el fondo de tal pretendida oferta griega y romana se encuentra la imposibilidad metafísica de la libertad. En una cosmovisión cíclica, como aquella, el ser humano se consideraba sólo como un juguete en las manos inmisericordes del Destino y de las Parcas. Así se puede ver en las impresionantes tragedias griegas y aun en poemas tan bellos como la égloga IV de Virgilio.
El mundo moderno ha luchado ciertamente por el triunfo de la libertad, pero no es la libertad individual la que puede determinar la valía de valores éticos como el de la vida. Si el paganismo griego no podía descubrir la libertad, nuestra cultura no debería confundirla con la inhumanidad.
Esa es una de las razones de la promoción de la eutanasia. Hay otra razón que ha sido expuesta, poniendo sencillamente las cifras sobre la mesa. Al igual que ha ocurrido con las empresas que se han enriquecido por medio de la promoción del aborto, se observa ya la actividad financiera de las empresas que han promovido y facilitado la muerte, pedida por el paciente afiliado a la “mutua” o bien por sus familiares.
Evidentemente en estas consideraciones no se pretende juzgar las intenciones personales. Un viejo adagio decía que “del interior nadie puede juzgar, sino solamente Dios”. Pero no podemos caer en la ingenuidad de creer que toda la promoción de la “muerte por compasión” obedece solamente al requerimiento de una virtud tan humana y tan cristiana con esa.
Ante cuestiones de tanta importancia tanto para las personas como para la comprensión de la sociedad y de la convivencia, es preciso vivir en la claridad. Ya el profeta Isaías se lamentaba ante las decisiones de los que al mal llaman bien y al bien llaman mal (Is 5,20). Se ve que, aunque haya cambiado de traje, la tentación viene de lejos, en el tiempo y en el espacio.
José-Román Flecha Andrés
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jueves, 19 de julio de 2018

Mensaje Bioética: EUTANASIA Y TESTAMENTO VITAL

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EUTANASIA Y TESTAMENTO VITAL
La moralidad de una acción no depende del sentimiento personal, ni de la opinión mayoritaria en la sociedad. Para comprenderlo basta ponerse en el puesto de la persona que es agredida por quienes se justifican apelando a esos criterios.
Además, a veces se fundamenta la moralidad en la normativa legal. Se piensa que cuando una acción ha sido permitida o regulada por las leyes obtiene la categoría ética suficiente. Pero se olvida que en ese principio se asientan las dictaduras.
Todos comprendemos que, a pesar de la regulación legal, no siempre es justo nuestro salario, no siempre son rectas las normas de acogida a los inmigrantes, no siempre es correcto el ajuste anual de nuestra pensión de jubilados.
Hace tiempo fue despenalizado el adulterio, pero no por eso es moralmente bueno. Sin embargo, al ser despenalizado y legalizado el aborto, muchos lo vieron como licito. Pues bien, una legalización de la eutanasia no puede determinar la bondad ética de dar muerte a una persona.
A los que decimos oponernos a la legalización de la eutanasia, nos achacan con frecuencia la tentación de aplicar al enfermo unos cuidados que no harían más que alargar una vida en situación terminal. En realidad estaríamos tratando de prolongar cruelmente el proceso del fallecimiento.
Seguramente hay que clarificar muchos términos. Oponerse a la eutanasia activa no significa abogar por la distanasia o “encarnizamiento terapéutico”, que también puede ser inmoral. Si es inicuo dar la muerte directa a un paciente, tampoco es deseable alargar el fallecimiento con medios extraordinarios o desproporcionados.
Estos términos son muy importantes. De hecho, hay tratamientos considerados como extraordinarios, que pueden todavía ser proporcionados, dada la situación del paciente. Y, al contrario, un tratamiento relativamente ordinario puede a veces ser ya considerado como desproporcionado.
Hay una sabiduría en “dejar morir” al paciente, sin forzar el uso de medios experimentales. El juicio ético y una práctica cuidadosa han de saber prescindir de los medios “desproporcionados” en el alargamiento de la vida. Para esto no hace falta legalización, sino prudencia y discernimiento.
El testamento difundido por la Conferencia Episcopal Española emplea justamente estos conceptos: “Pido que si por mi enfermedad llegara a estar en situación crítica irrecuperable, no se me mantenga en vida por medio de tratamientos desproporcionados o extraordinarios; que no se me aplique la eutanasia activa, ni se me prolongue abusiva e irracionalmente mi proceso de muerte; que se me administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos”.
La reflexión sobre los cuidados paliativos, tan importantes en el momento actual de la medicina, merecería un espacio mucho más largo y matizado.

José-Román Flecha Andrés
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martes, 10 de julio de 2018

Mensaje Bioética : EUTANASIA Y DERECHOS HUMANOS

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EUTANASIA Y DERECHOS HUMANOS
En este momento, se presenta la eutanasia como una urgencia irrenunciable, demandada por la mayoría de los ciudadanos. Se la califica como un signo de progreso social, como un derecho de la persona, como un acto de compasión hacia el dolor que padecen los enfermos terminales.
Es preciso resumir este abanico de nuevos y pretendidos “derechos”, no contemplados por la famosa Declaración, de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 10 de diciembre de 1948.
• Se nos propone hoy la eutanasia activa como un derecho del paciente terminal incapaz de soportar sus dolores. Pero se olvida que nunca, como en esta época, hemos sido capaces de controlar el dolor.
• Se alaba la eutanasia activa siempre que se produzca a petición del paciente. Pero se olvida que muchos de esos pacientes en realidad no están implorando la muerte, sino una cercanía afectuosa y compasiva por parte de familiares y sanitarios. Una cercanía que a veces les niegan la prisa y la tecnificación de nuestro mundo.
• Se nos presenta la eutanasia como un derecho, que nunca sería vinculante para los que no lo quieran reclamar. Pero se olvida también que la libertad para pedir el aborto ha terminado convirtiéndose, en algunos casos, en una gran cantidad de abortos prácticamente obligatorios.
• Se promueve hoy la legalización de la eutanasia activa como un laudable acto de compasión -merci Killing-. Pero se olvida que la verdadera com-pasión no puede llevar al desentendimiento con relación al enfermo sino a la cercanía y a la ternura que se merece como persona.
• Se anuncia la eutanasia como la única solución (¿o la “solución final”?) para desentenderse de esas vidas que, siguiendo el escrito de Hoche y Binding, un régimen horrible calificó como “vidas inútiles”, desencadenando así toda una tormenta de inhumanidad.
En este momento, se presenta la eutanasia como un signo de progreso social, como un derecho de los ciudadanos, como un acto de compasión hacia los enfermos terminales, que de una forma inconsciente son generalmente identificados con los ancianos.
Muy raras veces se alude a la posibilidad de aplicar la eutanasia a los enfermos mentales, como ha ocurrido ya en la práctica en los casos en que la eutanasia ha sido despenalizada. Además, no se suele mencionar en primera instancia la eutanasia aplicable a los niños que nacen con malformaciones que son vistas como no deseables.
Es verdad que hay quien ya ha levantado una voz de alerta ante el peligro de ver cómo la legalización de la eutanasia puede llevar consigo la difusión de la eugenesia. En ese caso, el ser humano se convertiría práctica y legalmente en árbitro capaz de decidir sobre la vida y la muerte de los demás.
José-Román Flecha Andrés
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jueves, 5 de julio de 2018

Mensaje Bioética: " EUTANASIA Y TOBOGÁN"

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EUTANASIA Y TOBOGÁN
El diálogo tuvo lugar durante un Congreso Internacional que se celebraba en la hermosa ciudad de S’Hertogenbosch (Bois-le-Duc), donde El Bosco había pintado sus cosmogónicos sueños sobre el bien y del mal.
A mitad del congreso nos visitó una alta representante del Ministerio holandés de sanidad. Al parecer, deseaba justificar ante los congresistas llegados de muchos países la legalización de la eutanasia. De hecho, nos dijo que su gobierno solamente pretendía ofrecer una ayuda compasiva para el difícil acto de morir.
Le contesté entonces que ciertamente habían encontrado una expresión muy atrayente para enmascarar una práctica clínica que a muchos nos horroriza. Pues bien, ahora salta de nuevo a la actualidad el tema de la eutanasia, que viene serpenteando en el llamado occidente desde hace más de cien años.
Se nos anunció hace tiempo que Holanda es el primer país que la ha legalizado. Sin embargo, en esto como en las marcas olímpicas, es preciso efectuar cuidadosamente el conteo para establecer prioridades. Se nota un cuidadoso olvido para no mencionar que la eutanasia también fue legalizada por el régimen de Hitler en septiembre de 1939.
En estos casos es interesante saber quién ha ido por delante y cómo se ha aplicado la norma. En el caso del nazismo, en primer lugar se difundió una circular a los centros hospitalarios, pensando en los enfermos irrecuperables y afectados por dolores insoportables.
Después se pasó a enfermos mentales. Y finalmente llegó a justificar las medidas de exterminio de los judíos y de otros ciudadanos, incluidos los pertenecientes a otras razas no arias. El llamado “efecto tobogán” se puede constatar en muchos momentos de la historia.
Romano Guardini, profetizó que un día los llamados países democráticos copiarían muchas de las prácticas del nazismo. En la Europa democrática hace años que se repite un slogan escalofriante. Su rima en francés podría traducirse así: “La interrupción voluntaria de la preñez lleva a la interrupción voluntaria de la vejez”.
Claro que en los países democráticos las medidas que despenalizan o legalizan algunas acciones y comportamientos se presentan como voluntarias. A nadie se obliga a seguirlas. El tobogán se encarga posteriormente de difundir medidas discriminatorias para quienes las dificultad y aun las someten a discernimiento.
El efecto tobogán se manifiesta, finalmente, en una ulterior posibilidad. La disminución de la población a causa del aborto y la larga vida de los mayores han creado numerosos problemas económicos. Ahora bien, si el aborto ha enriquecido a muchos, ¿no ocurrirá algo parecido con la eutanasia?

José-Román Flecha Andrés
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Video: Intenciones del Papa Francisco - "Los sacerdotes en su misión pastoral” - (YouTube) -

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“El cansancio de los sacerdotes...
¿Saben cuántas veces pienso en él?
Los sacerdotes, con sus virtudes y sus defectos, desarrollan su labor en tantos campos… De la catequesis a la liturgia, de la caridad a los compromisos pastorales e incluso administrativos. Y ante tantos frentes abiertos no se pueden quedar parados después de una desilusión, rendirse ante las dificultades o dejarse vencer por su fragilidad. En esos momentos es bueno que recuerden que la gente quiere a sus pastores, los necesita y confía en ellos. Recemos juntos para que los sacerdotes que viven con fatiga y en la soledad el trabajo pastoral se sientan ayudados y confortados por la amistad con el Señor y con los hermanos.”
INTENCIONES DEL PAPA 
POR LOS DESAFÍOS DE LA HUMANIDAD
JULIO 2018

Universal: Los sacerdotes en su misión pastoral.
Para que los sacerdotes que viven su trabajo pastoral con dificultad y en la soledad se sientan ayudados y confortados por la amistad con el Señor y con los hermanos.

Oración
Señor Jesús,
En tu inmensa bondad, quisiste llamar a hombres de corazón generoso para ser obreros de tu mies.
Agradezco los ejemplos de hombres libres y entregados al servicio de sus comunidades, que son también ejemplos vivos de los valores del Evangelio.
Te pido especialmente por los sacerdotes que viven mayores dificultades, la soledad, el cansancio y el desánimo, para que Tú seas su fuerza y que cada cristiano pueda sentirse llamado a ser compañero de viaje de su pastor.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria…

Desafíos para el mes:
  • Orar por los sacerdotes, especialmente los que están más solos o desanimados, utilizando la propuesta que la Red Mundial de Oración del Papa está proponiendo en sus redes sociales y en su plataforma Click to Pray. 
  • Preguntar al párroco, o responsable de tu comunidad, si está bien, si necesita alguna ayuda, afirmando la cercanía e interés por su persona y misión. 
  • Si eres sacerdote o religioso, preguntarte si verdaderamente el Señor es tu fuente de paz y esperanza. Y disponerte a buscar ayuda espiritual, si es necesario. 
https://clicktopray.org/es/pope_prayers
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martes, 12 de junio de 2018

Mensaje Bioética: CUIDADOS PALIATIVOS

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CUIDADOS PALIATIVOS
“Hay una gran diferencia entre eliminar los sufrimientos de una persona y eliminar a la persona para que no sufra”. Algo así ha dicho recientemente una gran especialista en el campo de los cuidados paliativos. Y tiene toda la razón.
Uno se pregunta por qué los políticos tienen tanto interés en promover y legitimar la eutanasia y tan poco interés en dedicar más fondos para aumentar y dotar las unidades de cuidados paliativos.
Otra pregunta inevitable: ¿Por qué los partidos políticos que surgieron para defender los derechos de los trabajadores y de los proletarios tienen tanto interés en promulgar leyes que atentan contra la dignidad de la persona?
Claro que esta segunda pregunta trae a nuestra mente otra tercera, que responde a la cuestión fundamental: ¿En qué se está poniendo la dignidad de la persona y quién es el que decide cuál es el límite entre defenderla e ignorarla?
Sobre este tema, por alguna parte aparecen citadas unas palabras del papa Francisco como si fueran una clamorosa novedad. Se olvida o se ignora lo que en tres afirmaciones muy claras ya se encontraba en el Catecismo de la Iglesia Católica:
• “Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden legítimamente ser interrumpidos.
• El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana, si la muerte no es buscada, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable.
• Los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón deben ser alentados” (n. 2279).
Esta doctrina refleja lo que previamente había afirmado ya la declaración vaticana “Iura et bona” sobre la eutanasia (5.V.1980). Allí se introducía una importante novedad sobre la doctrina tradicional. De hecho, en lugar de hablar de medios ordinarios y extraordinarios, se prefería la terminología de los medios proporcionados y desproporcionados a la hora de tratar a los enfermos graves o terminales.
De todas formas, el tema de la sedación para aliviar el dolor, evitando siempre la intención de dar la muerte, ya había sido previamente expuesto por el papa Pío XII en el otoño de 1947.
Por tanto, desde hace tiempo hay en la doctrina de la Iglesia católica una base largamente pensada para afrontar la cuestión del dolor sin necesidad de acudir al homicidio, educadamente encubierto bajo las etiquetas de la eutanasia, la muerte digna o la muerte por compasión.
La atención a los cuidados paliativos es una respuesta adecuada a la preocupación general del dolor en las situaciones más graves. Si el fin no justifica los medios, tampoco un sentimiento bueno podrá jamás justificar un fin malo.
José-Román Flecha Andrés

sábado, 9 de junio de 2018

Video: Intenciones del Papa Francisco - "Para que las redes sociales favorezcan la solidaridad y el respeto del otro en sus diferencias” - (YouTube) -

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Internet y las redes sociales nos abren
muchas posibilidades. Pero es necesario usarlas bien
y para el bien.
No para aislarnos,
sino para comunicarnos mejor.
No para difundir mentiras, 
sino para contar verdades. 
Internet es un don de Dios, 
pero también es una gran responsabilidad.
La comunicación, sus lugares,
sus instrumentos han traído consigo un alargamiento
de los horizontes, un ensanche, para tantas personas. Aprovechemos las posibilidades de encuentro y de solidaridad que ofrecen las redes sociales. Y que la red digital no sea un lugar de alienación.
Sea un lugar concreto,
un lugar rico de humanidad.
INTENCIONES DEL PAPA
POR LOS DESAFÍOS DE LA HUMANIDAD
JUNIO 2018

Intención Universal: Las redes sociales
Para que las redes sociales favorezcan la solidaridad y el respeto por el otro en su diferencia.

Oración
Dios, nuestro Padre,
Diste a tus hijos la capacidad y la creatividad para hacer de este mundo un lugar de comunión.
Hoy es fácil estar unidos con personas de lugares y culturas muy diferentes.
Ayúdanos a aprovechar las posibilidades del ingenio humano para construir un mundo más solidario, cerca de las realidades difíciles, un mundo capaz de acoger la diferencia y donde reinen la justicia, la paz y la verdad.
Danos tu Espíritu, para que cada uno de nosotros sepa realizar su pequeña parte, en los medios digitales en los que esté presente.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria…

Guía práctica
  • Procurar mirar con atención cómo funcionan las redes sociales, qué argumentos y discusiones son más populares y qué intereses esconden. 
  • Procurar tener una actitud positiva y constructiva en las redes sociales, compartiendo contenidos que promuevan la solidaridad y el respeto, la verdad y la buena reflexión. 
  • Tomar conocimiento de buenos proyectos de evangelización en las redes sociales y procurar también traer la voz de la Iglesia y sus propuestas a estos espacios.

    https://clicktopray.org/es/pope_prayers
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martes, 8 de mayo de 2018

Video: Mensaje del Papa al IIº Foro sobre "La esclavitud moderna" - (YouTube) -

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Video: Intenciones del Papa Francisco - "Para que los fieles laicos cumplan su misión específica " - (YouTube) -

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Por los laicos creativos al servicio del mundo 
Orando este mes por la misión específica de los fieles laicos, la palabra que viene a los labios del Papa es la de la “creatividad”, una creatividad al servicio de los desafíos del mundo actual. 
En todos los dominios, son gigantescos.
La paz, las migraciones, el hambre, el clima, la justicia, las familias, el compartir, el respeto, la belleza, etc.

INTENCIONES DEL PAPA
POR LOS DESAFÍOS DE LA HUMANIDAD
MAYO 2018
Universal: La misión de los laicos 
Para que los fieles laicos realicen su misión específica poniendo
 su creatividad al servicio de los desafíos del mundo actual

ORACIÓN 
Señor Jesús
Confías a tus discípulos la misión de llevar a todo el mundo el Evangelio.
La Iglesia, tu Cuerpo, realiza de muchos modos esta misión, a través de los sacerdotes, de los religiosos, de los laicos.
En este mes, te pido por todos los laicos, para que lleven con entusiasmo y creatividad la presencia de la Iglesia a sus familias y lugares de trabajo. Te pido en particular por los laicos que tienen funciones de responsabilidad, para que orienten los destinos de las instituciones según tu voluntad.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria…

GUÍA PRÁCTICA
  • Preguntarse si, en la propia comunidad cristiana, la misión de los laicos es encarada como un servicio interno, o si se tiene presente que su presencia en el mundo, como bautizados, es lo que realiza plenamente esta misión.
  • ¿De qué modo se piensan los horarios, encuentros e iniciativas de la comunidad? ¿Se requiere que los laicos tomen demasiado de su tiempo personal y familiar para las actividades pastorales, o se busca un justo equilibrio?
  • Promover un encuentro de reflexión y compartir con los laicos más comprometidos en la comunidad sobre su experiencia de llevar el Evangelio a sus contextos diarios.
https://clicktopray.org/es/pope_prayers
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lunes, 23 de abril de 2018

Bioética: Manifiesto para el mundo posgenómico: “El gen. Una historia personal” de Siddhartha Mukherjee

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Un manifiesto para el mundo posgenómico: 
“El gen. Una historia personal”
de Siddhartha Mukherjee
Por Jorge Nicolás Lafferriere
www.centrodebioetica.org
19 de febrero de 2018

“La historia del nacimiento, el desarrollo y el futuro de una de las ideas más poderosas y peligrosas de la historia de la ciencia: el «gen», la unidad fundamental de la herencia y unidad básica de toda la información biológica” (p. 24) es el objetivo del libro titulado “El gen. Una historia personal” de Siddhartha Mukherjee (Debate-Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona, 2017, Traducción de Joaquín Chamorro Mielke, 700 páginas).

Mukherjee despliega una extraordinaria capacidad narrativa para tornar comprensibles complejos fenómenos y procesos de descubrimientos científicos. Para ello, como lo adelanta el título, recurre a historias personales, comenzando por la de su propia familia, y pasando por la de los científicos que han marcado hitos en este fascinante y peligroso camino de bucear en los orígenes mismos de la vida biológica y sus secretos más recónditos.

El autor es profesor de Medicina en la Universidad de Columbia y oncólogo en su hospital universitario y ha ganado el premio Pulitzer por su anterior libro titulado “El emperador de todos los males”, centrado en el drama del cáncer.

La obra combina así una amena narración, con precisas explicaciones científicas y esbozos de los problemas éticos, sociales y legales que fueron surgiendo a partir del creciente poder de conocimiento y dominio que la persona humana despliega sobre el genoma.

I. Una sinopsis del libro
Luego de un prólogo en el que el autor explica el motivo de su interés en el tema a partir de la experiencia familiar, la obra se estructura en seis partes. Cada parte y cada capítulo comienzan con certeros epígrafes que resumen su contenido esencial y en cada caso remite a los distintos trabajos publicados que fueron marcando hitos en el conocimiento y despliegue biotecnológico sobre el gen.

a) Mendel y el origen de la genética: Comenzando desde las indagaciones de Pitágoras, Platón y Aristóteles, el autor nos cuenta en paralelo las historias de Darwin y del monje agustino Gregor Johann Mendel para presentar los primeros pasos de descubrimiento del gen, sobre todo por los experimentos de éste último con guisantes, cultivados paciente y cuidadosamente durante tres años para observar y estudiar las características en torno al aspecto y color de las semillas, el color y posición de las flores, el color y la forma de las vainas y la altura de las plantas. El trabajo de Mendel de 1865 quedaría olvidado hasta en 1900 que es descubierto “tres veces” (p. 81) por Hugo De Vries, Carl Correns y Erich von Tschermak-Seysenegg y difundido por el biólogo William Bateson quien acuñó en 1905 el término “genética”, y a partir de allí se iniciaría una irrefrenable carrera global por penetrar esos secretos de la herencia. La primera parte se focaliza en el descubrimiento y el redescubrimiento de los genes (1865-1935).

La historia que cuenta Mukherjee no soslaya los aspectos sociales y políticos que fueron acompañando a los descubrimientos científicos. Así, ya en la primera parte el autor constata cómo, al mismo tiempo que se sucedían los experimentos que buscaban comprender las reglas de la herencia presentes en el gen, aparece el concepto de eugenesia de la mano de Francis Galton, primo de Darwin. En este sentido, el libro procura un tono descriptivo, aunque formula algunos interrogantes inquietantes éticos y sociales sobre los que luego realizaremos algunas consideraciones. Así, nos cuenta con detalle la historia de Carrie Buck, la mujer con padecimientos mentales que fue esterilizada por motivos explícitamente eugenésicos el 19 de octubre de 1927 luego de la sentencia Buck contra Bell de la Corte Suprema de EEUU del 2 de mayo de 1927.

b) Los mecanismos de la genética: La segunda parte comprende el desciframiento del mecanismo de la herencia (1930-1970) y se inicia con los experimentos con moscas que realiza en Columbia entre 1905 y 1925 Thomas Morgan que significaron un avance en el descubrimiento de la vinculación, intercambio, linealidad de mapas genéticos y distancia entre genes (p. 124). El autor releva también los trabajos de Ronald Fisher y Theodosius Dobzhansky sobre la conciliación entre genética y evolución, y los de Frederick Griffith sobre la transmisión de genes entre organismos, que son continuados por Oswald Avery quien descubre que los ácidos nucleicos “no solo son importantes solo estructuralmente sino que son sustancias funcionalmente activas ... que inducen cambios predecibles y hereditarios en las células” (p. 170).

También en esta segunda parte la eugenesia está presentada, ahora con toda su perversión en el sistema impuesto por el régimen nacionalsocialista en Alemania y la consagración de las vidas indignas de ser vividas.

Mukherjee nos ofrece en esta segunda parte una narración apasionada y entretenida de la carrera para develar la estructura tridimensional del ADN, con la participación de Maurice Wilkins, J.T. Randall, y Rosalind Franklin en el Laboratorio de Biofísica del King’s College de Londres y de James Watson y Francis Crick en Cambridge. La conexión entre el gen que contiene información y codifica una proteína que posibilita una función es explicada retomando a Morgan y presentando los estudios de George Beadle y Edward Tatum, los de Sydney Brenner y François Jacob (que coincidieron con los de James Watson y Walter Gilbert en Harvard) sobre el ARN intermediario. Luego nos presenta a Jacques Monod, quien junto con Jacob y Arthur Pardee descubrieron los principios que rigen la regulación de los genes (1959). El genoma era un proyecto activo, capaz de hacer uso de determinadas partes seleccionadas de su código en diferentes momentos y circunstancias. La segunda parte culmina presentando a quienes estudiaron la génesis de los organismos, es decir, los embriones, como por ejemplo Ed Lewis, Christiane Nüsslein-Volhard y Eric Wieschaus.

c) La secuencia del genoma: La tercera parte comprende el período entre 1970 y 2001 y se dedica a la secuenciación y clonación de genes. Aparecen los experimentos de Paul Berg, David Jackson, Janet Mertz, Herb Boyer, Stanley Cohen y otros para cortar y unir dos piezas de ADN y crear ADN recombinante. Frederick Sanger en Cambridge, por su parte, en 1977, publica la secuencia completa de un virus y se llega al lenguaje de los genes.

Los problemas éticos que atraviesan esta etapa están narrados sobre todo a partir de los Congresos de Asilomar y fundamentalmente la decisión tomada en 1975 de una moratoria en la combinación de información genética procedente de organismos muy diferentes. Para Mukherjee, a diferencia de lo ocurrido con los estudios que condujeron a la bomba atómica, en Asilomar “los científicos se habían alertado a sí mismos de los peligros de su propia tecnología, y habían tratado de regular y limitar su propio trabajo” (p. 276).

La tercera parte culmina con la historia de los incentivos económicos y la carrera por las primeras patentes biotecnológicas, especialmente por la que buscaba sintetizar insulina.

d) La genética humana: La cuarta parte se focaliza en la genética humana y se ubica en el período 1970-2005, presentando el desafío de “comparar nuevas formas de pensar sobre la naturaleza de la herencia, el flujo de información, la función y el destino. ¿Cómo interactúan los genes con diversos ambientes para mantener la normalidad frente a la enfermedad? ¿Y qué es la normalidad respecto de la enfermedad? ¿De qué manera las variaciones en los genes humanos causan variaciones en la formación y la función? ¿De qué manera múltiples genes influyen en un único acontecer? ¿Cómo puede haber tanta uniformidad entre los seres humanos y, sin embargo, tanta diversidad? ¿Cómo pueden las variantes en los genes mantener una fisiología común y, sin embargo, producir patologías únicas?" (p. 305).

La historia se concentra aquí en los estudios de Víctor McKusick sobre los vínculos entre la genética y las enfermedades humanas a partir del trabajo en la clínica Moore fundada en 1957 en la Universidad John Hopkins, quien se convirtió en “una enciclopedia andante de conocimientos sobre síndromes de origen genético” (p. 309). En este punto, Mukherjee resalta que McKusick, por su trabajo clínico tan intenso e interdisciplinario, no se focalizaba tanto en la “normalidad” cuanto en advertir que la falta de aptitud -la enfermedad- surgía de un desajuste relativo entre un organismo y su ambiente.

Nuevamente la obra ingresa en el terreno de las implicaciones sociales de los descubrimientos. En este caso, el libro señala las repercusiones inmediatas que tuvo en la medicina el fallo Roe vs. Wade de enero de 1973 de la Corte Suprema de Estados Unidos. En efecto, a partir de los conocimientos de diagnóstico prenatal que permitían detectar Síndrome de Down, de Klinefelter o de Turner, el autor señala: “Antes de la decisión del tribunal, las pruebas genéticas prenatales se encontraban en un limbo de indeterminación; se permitía la amniocentesis, pero la situación jurídica del aborto era desconocida. Sin embargo, con el aborto en el primer y segundo trimestre legalizado y la primacía del juicio médico reconocida, las pruebas genéticas iban a difundirse ampliamente en las clínicas y hospitales de toda la nación. Los genes humanos se habían vuelto «justiciables»” (p. 317). Así, el aborto selectivo de fetos afectados se había transformado en la principal intervención de la medicina genómica (p. 318). El problema iba más allá, pues ahora también se podía demandar a los médicos por el error de aconsejar correctamente para que los padres pudieran “abortar” a sus hijos con enfermedades, como quedó plasmado en el caso Park de 1979. Aquí el libro compara muy brevemente la eugenesia de principios de Siglo XX con la neoeugenesia de fines de Siglo.

La búsqueda del mapa genético es el eje del libro en esta parte, comenzando por David Botstein, Davis, Skolnick y Ray White (1980). Aquí vuelve a aparecer el estilo narrativo de Mukherjee, quien combina la historia personal de Nancy Wexler y la historia detrás del descubrimiento de la variante genética que origina la “corea de Huntington” (p. 332). Hace su entrada aquí en el libro el Proyecto Genoma Humano que partía de la aspiración de secuenciar por completo los 3.095.677.412 pares de bases (p. 347). Se presenta la pulseada entre el emprendimiento público liderado por Watson y Zinder, inicialmente, y luego por Francis Collins, y el privado de Craig Venter y su empresa Celera. Así llegamos al anuncio del 26 de junio de 2000 del primer mapa del genoma humano hecho en la Casa Blanca con la presencia de Venter, Collins y el presidente Clinton.

e) La normalidad y la identidad: La quinta parte comprende el período 2001-2015 y se refiere a la genética de la identidad y la normalidad. El autor advierte dos transformaciones operadas en la genética: se había pasado del terreno de la patología al de la normalidad y se organiza la investigación en torno a campos distintos aunque parcialmente superpuestos, como la raza, el género, la sexualidad, la inteligencia, el carácter y la personalidad (p. 389). Así, haciendo un breve rastreo de los orígenes humanos a partir del genoma mitocondrial, el libro se adentra en el problema de la diversidad genética del genoma humano. Así, quiere enfatizar que “cada genoma lleva la firma de la ascendencia de un individuo, pero la ascendencia racial de un individuo poco predice sobre su genoma” (p. 402). Sobre el tema del género, es interesante el relato que el libro hace sobre el doloroso caso de David Reimer y otros de reasignación sexual que fueron “problemáticos y penosos” (p. 429). Allí señala que “existe ya un creciente consenso médico sobre la necesidad de atribuir, salvo muy raras excepciones, a los niños su sexo cromosómico (es decir, genético) con independencia de las variantes y diferencias anatómicas (con la opción de cambiar si más adelante es lo que se desea)” (p. 431).

“Género. Preferencia sexual. Temperamento. Personalidad. Impulsividad. Ansiedad. Elección. Uno tras otro, los aspectos más místicos de la experiencia humana se han visto poco a poco circundados por genes.” (p. 455). Ahora bien, el libro explica una suerte de funcionamiento en cascada de los genes y distingue entre los genes reguladores maestros que tienen un efecto binario, con otros genes, con sus variantes o mutantes, que están en escalones inferiores y que sus alteraciones inciden en propensiones, que se entrelazan con diversas señalas y oportunidades ambientales, con resultados muy diversos (p. 456).

El autor ingresa luego en el campo de la epigenética, para referirse a la memoria genética y la regulación de los genes. Aquí narra los estudios de Conrad Waddington, John Gurdon y Mary Lyon. También se refiere a los experimentos de Shinya Yamanaka, quien logró reprogramar células para que volvieran a un estadio parecido al de células madre embrionarias. El autor, con todo, previene contra ciertas ideas simplistas de la epigenética, como si las dietas, exposiciones, recuerdos y terapias pudieran alterar fácilmente la herencia (p. 478). Con esta incorporación del factor ambiental y la epigenética, se completa la quinta parte que de alguna manera pone fin a los desarrollos históricos, sobre todo con una breve recapitulación de las leyes fundamentales de la biología en lo que concierne a la información: los genes codifican ARN para construir proteínas para formar o regular organismos que sienten ambientes que influyen en las proteínas y el ARN que regulan los genes (p. 482). El punto final de la quinta parte describe los estudios de Jack Szostak quien ha intentado reconstruir el origen de los genes.

f) El futuro de la genética: La sexta parte se llama posgenoma y plantea el estudio de la genética del destino y del futuro, iniciada en 2015. Se abre con la significativa cita de Karl Popper: “quienes nos prometen el paraíso en la Tierra no nos traerán sino un infierno” (p. 487). Comienzan narrando los orígenes y límites de la terapia génica con los estudios de William French Anderson y Michael Blaese. y el trágico experimento que provocó la muerte de Jesse Gelsinger en 1999 y la posterior paralización de esas terapias. Luego presenta los desarrollos en los diagnósticos genéticos y el surgimiento de “previvientes”, es decir, persona que conocen con anticipación condiciones patológicas futuras y tienen que vivir con esa carga existencial. Aquí aparecen los estudios vinculados con el cáncer de mama, con la esquizofrenia y el desorden bipolar y la historia de Erika, una niña de 15 años con dos mutaciones en su genoma que alteran la capacidad de las células nerviosas para enviarse señales y el movimiento coordinado de sus músculos. El impacto que le produjo conocer a Erika lleva al autor a contar su historia y preguntarse: “¿Deberíamos considerar la opción de que los padres puedan solicitar la secuenciación completa de los genomas de sus hijos e interrumpir embarazos en caso de que se detecten mutaciones genéticas tan devastadoras como la de Erika?” (p. 530). El autor elige estos tres casos para mostrar el amplio espectro de enfermedades genéticas y los enigmas del diagnóstico genético. Aquí el libro considera las problemáticas sociales y éticas implícitas en estos problemas. Volveremos luego sobre el punto.

El último capítulo se refiere a las nuevas terapias génicas y el planteo de los “posthumanos” (p. 542). Recordemos que por bajo el rótulo “post-humanismo” (o también “transhumanismo”) se ha generado un movimiento de ideas, todavía heterogéneo, que postula la utilización de las tecnologías para lograr una superación del ser humano en sus límites vulnerables y lograr así un ser más “evolucionado”. Aquí el autor explica que se puede intentar modificar el genoma de células no reproductivas o reproductivas. Y desarrolla cómo, a partir de los estudios sobre células estaminales embrionarias de James Thomson, se fue abriendo camino la experimentación con embriones para procurar modificar su genoma. Se presenta luego los estudios de Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna que han desarrollaron un sistema llamado CRISPR/Cas9, publicado en 2012, que permitía la “edición genética”. El autor explica las posibilidades técnicas de llegar a generar un embrión genéticamente modificado, por ejemplo a partir de espermatozoides y óvulos genéticamente modificados (p. 554). El libro cuenta también los inquietantes estudios que ya se han hecho en China con experimentación de la edición genética en embriones humanos (p. 559).

La sexta parte finaliza con la propuesta del autor de un “Manifiesto” para un mundo posgenómico, luego de señalar que “el quid de la cuestión no es entonces la emancipación genética (liberarse de las limitaciones que imponen las enfermedades hereditarias), sino la mejora genética (liberarse de los actuales límites que el genoma humano impone a la forma y al destino en sus codificaciones)” (p. 559).

En el epílogo, el autor se refiere a tres proyectos enormes que tiene la genética humana y que se vinculan con la discriminación, la división y la reconstrucción final (p. 568). “El primero es discernir la naturaleza exacta de la información codificada en el genoma humano” (p. 568). El segundo es “comprender cómo se combinan los elementos en el espacio y en el tiempo para fundamentar la embriología y la fisiología humanas, la especificación de las partes anatómicas y el desarrollo de rasgos y características distintivos de un organismo” (p. 569). Y el tercero sería determinar si cierta permutación de genes produciría cierto efecto en el futuro, incluso si ese efecto lo rigen una multitud de genes.

El libro culmina preguntándose “¿qué es natural?” y afirmando: “Nuestro genoma ha negociado un frágil equilibrio entre fuerzas opuestas, emparejando hebras opuestas, mezclando pasado y futuro, y enfrentando la memoria al deseo. Es lo más humano que poseemos. El gobierno que ejerce sobre nosotros puede ser la raíz misma de todo conocimiento y discernimiento en relación con nuestra especie” (p. 578).

II. Algunas consideraciones bioéticas
El libro tiene un tono descriptivo, pero no ahorra claras condenas a la eugenesia y la discriminación con fundamento genético. Será sobre todo en la sexta parte en la que se plantean los dilemas morales subyacentes a los increíbles desarrollos científicos y tecnológicos que el libro reseña con su estilo narrativo tan ameno y comprensible.

Justamente, en p. 536 hablando de los diagnósticos genéticos, el autor afirma: “No hace falta ver una película como Gatttaca para recordar lo profundamente desestabilizadora que podría ser esa idea [la de expandir los diagnósticos a todo tipo de enfermedades en forma previa al posterior aborto]. No tenemos modelos o metáforas para aprehender un mundo en el que el futuro del niño sea analizado en términos de probabilidades, o en que un feto sea diagnosticado antes de nacer o se convierta en un «previviente» aún antes de la concepción... La historia de la genética humana nos ha recordado una y otra vez que «saber» comienza a menudo con un énfasis en «discernir», pero termina con un énfasis en «discriminar»”. Y señalando el futuro de diagnósticos e intervenciones genéticas ilimitadas, Mukherjee sostiene: “Puede que las intervenciones individuales no crucen la frontera que las separa de la transgresión -de hecho, algunas de ellas, como los tratamientos contra el cáncer, la esquizofrenia y la fibrosis quística, persiguen objetivos médicos legítimos-, pero hay aspectos de este mundo que son manifiestamente, y hasta repulsivamente, siniestros” (p. 575).

Los tres principios “tácitos”: así como el autor hace una reseña crítica de la historia de la eugenesia y la tendencia hacia la discriminación, a mi entender permanece en un enfoque pobre y reductivo en lo que refiere a la situación de las intervenciones genéticas y sus límites morales hoy. En efecto, en p. 537 señala que “hasta hace poco, tres principios tácitos habían regido el campo del diagnóstico y la intervención genéticos. En primer lugar, las pruebas diagnósticas han estado en gran medida restringidas a variantes genéticas singulares que causan enfermedades, es decir, a mutaciones altamente penetrantes, en las cuales la posibilidad de desarrollar la enfermedad se acerca al ciento por ciento (síndrome de Down, fibrosis quística, enfermedad de Tay-Sachs). En segundo lugar, las enfermedades causadas por estas mutaciones han provocado por regla general sufrimientos extraordinarios o incompatibilidades fundamentales con una vida «normal». Y, en tercer lugar, las acciones justificables -la decisión de abortar un feto con Síndrome de Down, por ejemplo, o de intervenir quirúrgicamente a una mujer con una mutación del BRCA1- han quedado definidas mediante el consenso médico y sometidas a la libertad de elección”. El autor constata, no obstante, que “estos límites se traspasan” (p. 538).

Ante los problemas que esas transgresiones provocan (por ejemplo, la propuesta de contar con el genotipo de todos los niños de una escuela para clasificarlos según mejores o peores), el autor vuelve a preguntarse “¿qué es lo normal?” (p. 540). Y cuestiona: “Si la historia del siglo pasado nos enseñó lo peligroso que puede resultar el que los gobiernos tengan poder para determinar la «aptitud» genética..., la cuestión que nos plantea la época actual es la de las consecuencias que pueda acarrear el traspaso de ese poder al individuo” (p. 541).

El libro intenta quedar en el plano de la descripción de los principios “tácitos” con los que hoy actúan los tecnocientíficos y sus cuestionamientos aparecen formulados en términos más cautos y sobre todo en forma de interrogantes. Al respecto, creo que falta en la obra un análisis más de fondo de la contradicción subyacente en afirmaciones como las que hemos transcripto, en que se señala al Síndrome de Down como una mutación que justifica el aborto, y luego se cuestiona qué es lo normal. El autor parece adherir a un criterio más abierto y no discriminador de esa “normalidad”, pero falla en lo esencial que es reconocer el valor inalienable de toda vida humana.

En tal sentido, la obra nos vuelve a recordar la urgencia de profundizar las exigencias jurídicas de la dignidad para poder interpelar de forma decisiva e integral a este mundo que está pasando de la eugenesia planificada por el gobierno a una eugenesia liberal, basada en las elecciones de cada individuo, igualmente dañina y discriminatoria.

El drama de todos estos desarrollos biotecnológicos es que, al perder el horizonte de la dignidad humana, como elemento normativo y que señala fines inherentes a la naturaleza humana, terminan asumiendo respuestas formales y temporarias (como las moratorias) que terminan siendo funcionales a intereses biotecnológicos que degradan al ser humano a su realidad puramente biológica.

La tensión entre curación y mejora: el libro pone en el centro del problema del futuro de la genética a la distinción entre intervenciones propiamente terapéuticas (objetivos médicos legítimos) y las de mejora. Se trata de uno de los debates globales más candentes del momento. En este sentido, el autor parece inclinarse, por las citas que hemos transcripto, por una prohibición de esas mejoras, pero en su “manifiesto” el problema queda abierto y señala que “necesitamos nuevos preceptos biológicos, culturales y sociales para determinar qué intervenciones genéticas pueden ser permitidas o restringidas y las circunstancias en que estas intervenciones pueden ser seguras o permisibles” (p. 565).

El ser humano es biología, pero mucho más que biología. La fascinante capacidad que el ser humano ha demostrado de conocer y dominar sus propios procesos biológicos, necesita de una igual y proporcionada capacidad de orientar de manera propiamente humana esos desarrollos para que sirvan a cada persona y no sean instrumento de nuevas formas inaceptables de dominación y discriminación.

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jueves, 12 de abril de 2018

Video: Intenciones del Papa Francisco - "Por quienes tienen la responsabilidad de los asuntos económicos" - (YouTube) -

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La economía no puede pretender sólo aumentar la rentabilidad, reduciendo el mercado laboral y creando así nuevos excluidos. 
Debe seguir el camino de los empresarios, políticos, pensadores y actores sociales que ponen en primer lugar a la persona humana y hacen todo lo posible para asegurarse de que haya oportunidades de trabajo digno.

INTENCIONES DEL PAPA
POR LOS DESAFÍOS DE LA HUMANIDAD
ABRIL 2018
Universal: Por aquellos que tienen una responsabilidad en la economía.
Para que los responsables del pensamiento y
de la gestión de la economía tengan el coraje
de refutar una economía de la exclusión y
sepan abrir nuevos caminos o rutas.

Oración:
Padre bueno, has creado este mundo
y lo has confiado a tus hijos
para que pudieran vivir de sus frutos,
a través del trabajo de sus manos y de su ingenio.
Nuestra casa común
es el lugar donde comenzamos a vivir ya la felicidad del Cielo,
como tus hijos, hermanos y hermanas los unos de los otros.
Pero en este mundo se generan tantas diferencias,
tanta exclusión, y pocos tienen lo que debería ser de muchos.
A la Red Mundial de Oración del Papa,
ofrecemos nuestros días, palabras y acciones,
para que los responsables de la economía
sepan pensar y decidir caminos
que no dejen a nadie al margen del bien común.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria…

Guía práctica
  • Buscar informarme sobre los países donde existe un mayor desequilibrio entre ricos y pobres y percibir lo que lleva a estas situaciones.
  • Promover, en la propia comunidad, o en casa, experiencias de acogida y convivencia con personas víctimas de exclusión por motivos económicos (desempleo, situaciones de vulnerabilidad, pobreza, etc.)
https://clicktopray.org/es/pope_prayers
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Video: SANTO PADRE FRANCISCO: EXHORTACIÓN APOSTÓLICA GAUDETE ET EXSULTATE - (Youtube)

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