lunes, 23 de abril de 2018

Bioética: Manifiesto para el mundo posgenómico: “El gen. Una historia personal” de Siddhartha Mukherjee

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Un manifiesto para el mundo posgenómico: 
“El gen. Una historia personal”
de Siddhartha Mukherjee
Por Jorge Nicolás Lafferriere
www.centrodebioetica.org
19 de febrero de 2018

“La historia del nacimiento, el desarrollo y el futuro de una de las ideas más poderosas y peligrosas de la historia de la ciencia: el «gen», la unidad fundamental de la herencia y unidad básica de toda la información biológica” (p. 24) es el objetivo del libro titulado “El gen. Una historia personal” de Siddhartha Mukherjee (Debate-Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona, 2017, Traducción de Joaquín Chamorro Mielke, 700 páginas).

Mukherjee despliega una extraordinaria capacidad narrativa para tornar comprensibles complejos fenómenos y procesos de descubrimientos científicos. Para ello, como lo adelanta el título, recurre a historias personales, comenzando por la de su propia familia, y pasando por la de los científicos que han marcado hitos en este fascinante y peligroso camino de bucear en los orígenes mismos de la vida biológica y sus secretos más recónditos.

El autor es profesor de Medicina en la Universidad de Columbia y oncólogo en su hospital universitario y ha ganado el premio Pulitzer por su anterior libro titulado “El emperador de todos los males”, centrado en el drama del cáncer.

La obra combina así una amena narración, con precisas explicaciones científicas y esbozos de los problemas éticos, sociales y legales que fueron surgiendo a partir del creciente poder de conocimiento y dominio que la persona humana despliega sobre el genoma.

I. Una sinopsis del libro
Luego de un prólogo en el que el autor explica el motivo de su interés en el tema a partir de la experiencia familiar, la obra se estructura en seis partes. Cada parte y cada capítulo comienzan con certeros epígrafes que resumen su contenido esencial y en cada caso remite a los distintos trabajos publicados que fueron marcando hitos en el conocimiento y despliegue biotecnológico sobre el gen.

a) Mendel y el origen de la genética: Comenzando desde las indagaciones de Pitágoras, Platón y Aristóteles, el autor nos cuenta en paralelo las historias de Darwin y del monje agustino Gregor Johann Mendel para presentar los primeros pasos de descubrimiento del gen, sobre todo por los experimentos de éste último con guisantes, cultivados paciente y cuidadosamente durante tres años para observar y estudiar las características en torno al aspecto y color de las semillas, el color y posición de las flores, el color y la forma de las vainas y la altura de las plantas. El trabajo de Mendel de 1865 quedaría olvidado hasta en 1900 que es descubierto “tres veces” (p. 81) por Hugo De Vries, Carl Correns y Erich von Tschermak-Seysenegg y difundido por el biólogo William Bateson quien acuñó en 1905 el término “genética”, y a partir de allí se iniciaría una irrefrenable carrera global por penetrar esos secretos de la herencia. La primera parte se focaliza en el descubrimiento y el redescubrimiento de los genes (1865-1935).

La historia que cuenta Mukherjee no soslaya los aspectos sociales y políticos que fueron acompañando a los descubrimientos científicos. Así, ya en la primera parte el autor constata cómo, al mismo tiempo que se sucedían los experimentos que buscaban comprender las reglas de la herencia presentes en el gen, aparece el concepto de eugenesia de la mano de Francis Galton, primo de Darwin. En este sentido, el libro procura un tono descriptivo, aunque formula algunos interrogantes inquietantes éticos y sociales sobre los que luego realizaremos algunas consideraciones. Así, nos cuenta con detalle la historia de Carrie Buck, la mujer con padecimientos mentales que fue esterilizada por motivos explícitamente eugenésicos el 19 de octubre de 1927 luego de la sentencia Buck contra Bell de la Corte Suprema de EEUU del 2 de mayo de 1927.

b) Los mecanismos de la genética: La segunda parte comprende el desciframiento del mecanismo de la herencia (1930-1970) y se inicia con los experimentos con moscas que realiza en Columbia entre 1905 y 1925 Thomas Morgan que significaron un avance en el descubrimiento de la vinculación, intercambio, linealidad de mapas genéticos y distancia entre genes (p. 124). El autor releva también los trabajos de Ronald Fisher y Theodosius Dobzhansky sobre la conciliación entre genética y evolución, y los de Frederick Griffith sobre la transmisión de genes entre organismos, que son continuados por Oswald Avery quien descubre que los ácidos nucleicos “no solo son importantes solo estructuralmente sino que son sustancias funcionalmente activas ... que inducen cambios predecibles y hereditarios en las células” (p. 170).

También en esta segunda parte la eugenesia está presentada, ahora con toda su perversión en el sistema impuesto por el régimen nacionalsocialista en Alemania y la consagración de las vidas indignas de ser vividas.

Mukherjee nos ofrece en esta segunda parte una narración apasionada y entretenida de la carrera para develar la estructura tridimensional del ADN, con la participación de Maurice Wilkins, J.T. Randall, y Rosalind Franklin en el Laboratorio de Biofísica del King’s College de Londres y de James Watson y Francis Crick en Cambridge. La conexión entre el gen que contiene información y codifica una proteína que posibilita una función es explicada retomando a Morgan y presentando los estudios de George Beadle y Edward Tatum, los de Sydney Brenner y François Jacob (que coincidieron con los de James Watson y Walter Gilbert en Harvard) sobre el ARN intermediario. Luego nos presenta a Jacques Monod, quien junto con Jacob y Arthur Pardee descubrieron los principios que rigen la regulación de los genes (1959). El genoma era un proyecto activo, capaz de hacer uso de determinadas partes seleccionadas de su código en diferentes momentos y circunstancias. La segunda parte culmina presentando a quienes estudiaron la génesis de los organismos, es decir, los embriones, como por ejemplo Ed Lewis, Christiane Nüsslein-Volhard y Eric Wieschaus.

c) La secuencia del genoma: La tercera parte comprende el período entre 1970 y 2001 y se dedica a la secuenciación y clonación de genes. Aparecen los experimentos de Paul Berg, David Jackson, Janet Mertz, Herb Boyer, Stanley Cohen y otros para cortar y unir dos piezas de ADN y crear ADN recombinante. Frederick Sanger en Cambridge, por su parte, en 1977, publica la secuencia completa de un virus y se llega al lenguaje de los genes.

Los problemas éticos que atraviesan esta etapa están narrados sobre todo a partir de los Congresos de Asilomar y fundamentalmente la decisión tomada en 1975 de una moratoria en la combinación de información genética procedente de organismos muy diferentes. Para Mukherjee, a diferencia de lo ocurrido con los estudios que condujeron a la bomba atómica, en Asilomar “los científicos se habían alertado a sí mismos de los peligros de su propia tecnología, y habían tratado de regular y limitar su propio trabajo” (p. 276).

La tercera parte culmina con la historia de los incentivos económicos y la carrera por las primeras patentes biotecnológicas, especialmente por la que buscaba sintetizar insulina.

d) La genética humana: La cuarta parte se focaliza en la genética humana y se ubica en el período 1970-2005, presentando el desafío de “comparar nuevas formas de pensar sobre la naturaleza de la herencia, el flujo de información, la función y el destino. ¿Cómo interactúan los genes con diversos ambientes para mantener la normalidad frente a la enfermedad? ¿Y qué es la normalidad respecto de la enfermedad? ¿De qué manera las variaciones en los genes humanos causan variaciones en la formación y la función? ¿De qué manera múltiples genes influyen en un único acontecer? ¿Cómo puede haber tanta uniformidad entre los seres humanos y, sin embargo, tanta diversidad? ¿Cómo pueden las variantes en los genes mantener una fisiología común y, sin embargo, producir patologías únicas?" (p. 305).

La historia se concentra aquí en los estudios de Víctor McKusick sobre los vínculos entre la genética y las enfermedades humanas a partir del trabajo en la clínica Moore fundada en 1957 en la Universidad John Hopkins, quien se convirtió en “una enciclopedia andante de conocimientos sobre síndromes de origen genético” (p. 309). En este punto, Mukherjee resalta que McKusick, por su trabajo clínico tan intenso e interdisciplinario, no se focalizaba tanto en la “normalidad” cuanto en advertir que la falta de aptitud -la enfermedad- surgía de un desajuste relativo entre un organismo y su ambiente.

Nuevamente la obra ingresa en el terreno de las implicaciones sociales de los descubrimientos. En este caso, el libro señala las repercusiones inmediatas que tuvo en la medicina el fallo Roe vs. Wade de enero de 1973 de la Corte Suprema de Estados Unidos. En efecto, a partir de los conocimientos de diagnóstico prenatal que permitían detectar Síndrome de Down, de Klinefelter o de Turner, el autor señala: “Antes de la decisión del tribunal, las pruebas genéticas prenatales se encontraban en un limbo de indeterminación; se permitía la amniocentesis, pero la situación jurídica del aborto era desconocida. Sin embargo, con el aborto en el primer y segundo trimestre legalizado y la primacía del juicio médico reconocida, las pruebas genéticas iban a difundirse ampliamente en las clínicas y hospitales de toda la nación. Los genes humanos se habían vuelto «justiciables»” (p. 317). Así, el aborto selectivo de fetos afectados se había transformado en la principal intervención de la medicina genómica (p. 318). El problema iba más allá, pues ahora también se podía demandar a los médicos por el error de aconsejar correctamente para que los padres pudieran “abortar” a sus hijos con enfermedades, como quedó plasmado en el caso Park de 1979. Aquí el libro compara muy brevemente la eugenesia de principios de Siglo XX con la neoeugenesia de fines de Siglo.

La búsqueda del mapa genético es el eje del libro en esta parte, comenzando por David Botstein, Davis, Skolnick y Ray White (1980). Aquí vuelve a aparecer el estilo narrativo de Mukherjee, quien combina la historia personal de Nancy Wexler y la historia detrás del descubrimiento de la variante genética que origina la “corea de Huntington” (p. 332). Hace su entrada aquí en el libro el Proyecto Genoma Humano que partía de la aspiración de secuenciar por completo los 3.095.677.412 pares de bases (p. 347). Se presenta la pulseada entre el emprendimiento público liderado por Watson y Zinder, inicialmente, y luego por Francis Collins, y el privado de Craig Venter y su empresa Celera. Así llegamos al anuncio del 26 de junio de 2000 del primer mapa del genoma humano hecho en la Casa Blanca con la presencia de Venter, Collins y el presidente Clinton.

e) La normalidad y la identidad: La quinta parte comprende el período 2001-2015 y se refiere a la genética de la identidad y la normalidad. El autor advierte dos transformaciones operadas en la genética: se había pasado del terreno de la patología al de la normalidad y se organiza la investigación en torno a campos distintos aunque parcialmente superpuestos, como la raza, el género, la sexualidad, la inteligencia, el carácter y la personalidad (p. 389). Así, haciendo un breve rastreo de los orígenes humanos a partir del genoma mitocondrial, el libro se adentra en el problema de la diversidad genética del genoma humano. Así, quiere enfatizar que “cada genoma lleva la firma de la ascendencia de un individuo, pero la ascendencia racial de un individuo poco predice sobre su genoma” (p. 402). Sobre el tema del género, es interesante el relato que el libro hace sobre el doloroso caso de David Reimer y otros de reasignación sexual que fueron “problemáticos y penosos” (p. 429). Allí señala que “existe ya un creciente consenso médico sobre la necesidad de atribuir, salvo muy raras excepciones, a los niños su sexo cromosómico (es decir, genético) con independencia de las variantes y diferencias anatómicas (con la opción de cambiar si más adelante es lo que se desea)” (p. 431).

“Género. Preferencia sexual. Temperamento. Personalidad. Impulsividad. Ansiedad. Elección. Uno tras otro, los aspectos más místicos de la experiencia humana se han visto poco a poco circundados por genes.” (p. 455). Ahora bien, el libro explica una suerte de funcionamiento en cascada de los genes y distingue entre los genes reguladores maestros que tienen un efecto binario, con otros genes, con sus variantes o mutantes, que están en escalones inferiores y que sus alteraciones inciden en propensiones, que se entrelazan con diversas señalas y oportunidades ambientales, con resultados muy diversos (p. 456).

El autor ingresa luego en el campo de la epigenética, para referirse a la memoria genética y la regulación de los genes. Aquí narra los estudios de Conrad Waddington, John Gurdon y Mary Lyon. También se refiere a los experimentos de Shinya Yamanaka, quien logró reprogramar células para que volvieran a un estadio parecido al de células madre embrionarias. El autor, con todo, previene contra ciertas ideas simplistas de la epigenética, como si las dietas, exposiciones, recuerdos y terapias pudieran alterar fácilmente la herencia (p. 478). Con esta incorporación del factor ambiental y la epigenética, se completa la quinta parte que de alguna manera pone fin a los desarrollos históricos, sobre todo con una breve recapitulación de las leyes fundamentales de la biología en lo que concierne a la información: los genes codifican ARN para construir proteínas para formar o regular organismos que sienten ambientes que influyen en las proteínas y el ARN que regulan los genes (p. 482). El punto final de la quinta parte describe los estudios de Jack Szostak quien ha intentado reconstruir el origen de los genes.

f) El futuro de la genética: La sexta parte se llama posgenoma y plantea el estudio de la genética del destino y del futuro, iniciada en 2015. Se abre con la significativa cita de Karl Popper: “quienes nos prometen el paraíso en la Tierra no nos traerán sino un infierno” (p. 487). Comienzan narrando los orígenes y límites de la terapia génica con los estudios de William French Anderson y Michael Blaese. y el trágico experimento que provocó la muerte de Jesse Gelsinger en 1999 y la posterior paralización de esas terapias. Luego presenta los desarrollos en los diagnósticos genéticos y el surgimiento de “previvientes”, es decir, persona que conocen con anticipación condiciones patológicas futuras y tienen que vivir con esa carga existencial. Aquí aparecen los estudios vinculados con el cáncer de mama, con la esquizofrenia y el desorden bipolar y la historia de Erika, una niña de 15 años con dos mutaciones en su genoma que alteran la capacidad de las células nerviosas para enviarse señales y el movimiento coordinado de sus músculos. El impacto que le produjo conocer a Erika lleva al autor a contar su historia y preguntarse: “¿Deberíamos considerar la opción de que los padres puedan solicitar la secuenciación completa de los genomas de sus hijos e interrumpir embarazos en caso de que se detecten mutaciones genéticas tan devastadoras como la de Erika?” (p. 530). El autor elige estos tres casos para mostrar el amplio espectro de enfermedades genéticas y los enigmas del diagnóstico genético. Aquí el libro considera las problemáticas sociales y éticas implícitas en estos problemas. Volveremos luego sobre el punto.

El último capítulo se refiere a las nuevas terapias génicas y el planteo de los “posthumanos” (p. 542). Recordemos que por bajo el rótulo “post-humanismo” (o también “transhumanismo”) se ha generado un movimiento de ideas, todavía heterogéneo, que postula la utilización de las tecnologías para lograr una superación del ser humano en sus límites vulnerables y lograr así un ser más “evolucionado”. Aquí el autor explica que se puede intentar modificar el genoma de células no reproductivas o reproductivas. Y desarrolla cómo, a partir de los estudios sobre células estaminales embrionarias de James Thomson, se fue abriendo camino la experimentación con embriones para procurar modificar su genoma. Se presenta luego los estudios de Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna que han desarrollaron un sistema llamado CRISPR/Cas9, publicado en 2012, que permitía la “edición genética”. El autor explica las posibilidades técnicas de llegar a generar un embrión genéticamente modificado, por ejemplo a partir de espermatozoides y óvulos genéticamente modificados (p. 554). El libro cuenta también los inquietantes estudios que ya se han hecho en China con experimentación de la edición genética en embriones humanos (p. 559).

La sexta parte finaliza con la propuesta del autor de un “Manifiesto” para un mundo posgenómico, luego de señalar que “el quid de la cuestión no es entonces la emancipación genética (liberarse de las limitaciones que imponen las enfermedades hereditarias), sino la mejora genética (liberarse de los actuales límites que el genoma humano impone a la forma y al destino en sus codificaciones)” (p. 559).

En el epílogo, el autor se refiere a tres proyectos enormes que tiene la genética humana y que se vinculan con la discriminación, la división y la reconstrucción final (p. 568). “El primero es discernir la naturaleza exacta de la información codificada en el genoma humano” (p. 568). El segundo es “comprender cómo se combinan los elementos en el espacio y en el tiempo para fundamentar la embriología y la fisiología humanas, la especificación de las partes anatómicas y el desarrollo de rasgos y características distintivos de un organismo” (p. 569). Y el tercero sería determinar si cierta permutación de genes produciría cierto efecto en el futuro, incluso si ese efecto lo rigen una multitud de genes.

El libro culmina preguntándose “¿qué es natural?” y afirmando: “Nuestro genoma ha negociado un frágil equilibrio entre fuerzas opuestas, emparejando hebras opuestas, mezclando pasado y futuro, y enfrentando la memoria al deseo. Es lo más humano que poseemos. El gobierno que ejerce sobre nosotros puede ser la raíz misma de todo conocimiento y discernimiento en relación con nuestra especie” (p. 578).

II. Algunas consideraciones bioéticas
El libro tiene un tono descriptivo, pero no ahorra claras condenas a la eugenesia y la discriminación con fundamento genético. Será sobre todo en la sexta parte en la que se plantean los dilemas morales subyacentes a los increíbles desarrollos científicos y tecnológicos que el libro reseña con su estilo narrativo tan ameno y comprensible.

Justamente, en p. 536 hablando de los diagnósticos genéticos, el autor afirma: “No hace falta ver una película como Gatttaca para recordar lo profundamente desestabilizadora que podría ser esa idea [la de expandir los diagnósticos a todo tipo de enfermedades en forma previa al posterior aborto]. No tenemos modelos o metáforas para aprehender un mundo en el que el futuro del niño sea analizado en términos de probabilidades, o en que un feto sea diagnosticado antes de nacer o se convierta en un «previviente» aún antes de la concepción... La historia de la genética humana nos ha recordado una y otra vez que «saber» comienza a menudo con un énfasis en «discernir», pero termina con un énfasis en «discriminar»”. Y señalando el futuro de diagnósticos e intervenciones genéticas ilimitadas, Mukherjee sostiene: “Puede que las intervenciones individuales no crucen la frontera que las separa de la transgresión -de hecho, algunas de ellas, como los tratamientos contra el cáncer, la esquizofrenia y la fibrosis quística, persiguen objetivos médicos legítimos-, pero hay aspectos de este mundo que son manifiestamente, y hasta repulsivamente, siniestros” (p. 575).

Los tres principios “tácitos”: así como el autor hace una reseña crítica de la historia de la eugenesia y la tendencia hacia la discriminación, a mi entender permanece en un enfoque pobre y reductivo en lo que refiere a la situación de las intervenciones genéticas y sus límites morales hoy. En efecto, en p. 537 señala que “hasta hace poco, tres principios tácitos habían regido el campo del diagnóstico y la intervención genéticos. En primer lugar, las pruebas diagnósticas han estado en gran medida restringidas a variantes genéticas singulares que causan enfermedades, es decir, a mutaciones altamente penetrantes, en las cuales la posibilidad de desarrollar la enfermedad se acerca al ciento por ciento (síndrome de Down, fibrosis quística, enfermedad de Tay-Sachs). En segundo lugar, las enfermedades causadas por estas mutaciones han provocado por regla general sufrimientos extraordinarios o incompatibilidades fundamentales con una vida «normal». Y, en tercer lugar, las acciones justificables -la decisión de abortar un feto con Síndrome de Down, por ejemplo, o de intervenir quirúrgicamente a una mujer con una mutación del BRCA1- han quedado definidas mediante el consenso médico y sometidas a la libertad de elección”. El autor constata, no obstante, que “estos límites se traspasan” (p. 538).

Ante los problemas que esas transgresiones provocan (por ejemplo, la propuesta de contar con el genotipo de todos los niños de una escuela para clasificarlos según mejores o peores), el autor vuelve a preguntarse “¿qué es lo normal?” (p. 540). Y cuestiona: “Si la historia del siglo pasado nos enseñó lo peligroso que puede resultar el que los gobiernos tengan poder para determinar la «aptitud» genética..., la cuestión que nos plantea la época actual es la de las consecuencias que pueda acarrear el traspaso de ese poder al individuo” (p. 541).

El libro intenta quedar en el plano de la descripción de los principios “tácitos” con los que hoy actúan los tecnocientíficos y sus cuestionamientos aparecen formulados en términos más cautos y sobre todo en forma de interrogantes. Al respecto, creo que falta en la obra un análisis más de fondo de la contradicción subyacente en afirmaciones como las que hemos transcripto, en que se señala al Síndrome de Down como una mutación que justifica el aborto, y luego se cuestiona qué es lo normal. El autor parece adherir a un criterio más abierto y no discriminador de esa “normalidad”, pero falla en lo esencial que es reconocer el valor inalienable de toda vida humana.

En tal sentido, la obra nos vuelve a recordar la urgencia de profundizar las exigencias jurídicas de la dignidad para poder interpelar de forma decisiva e integral a este mundo que está pasando de la eugenesia planificada por el gobierno a una eugenesia liberal, basada en las elecciones de cada individuo, igualmente dañina y discriminatoria.

El drama de todos estos desarrollos biotecnológicos es que, al perder el horizonte de la dignidad humana, como elemento normativo y que señala fines inherentes a la naturaleza humana, terminan asumiendo respuestas formales y temporarias (como las moratorias) que terminan siendo funcionales a intereses biotecnológicos que degradan al ser humano a su realidad puramente biológica.

La tensión entre curación y mejora: el libro pone en el centro del problema del futuro de la genética a la distinción entre intervenciones propiamente terapéuticas (objetivos médicos legítimos) y las de mejora. Se trata de uno de los debates globales más candentes del momento. En este sentido, el autor parece inclinarse, por las citas que hemos transcripto, por una prohibición de esas mejoras, pero en su “manifiesto” el problema queda abierto y señala que “necesitamos nuevos preceptos biológicos, culturales y sociales para determinar qué intervenciones genéticas pueden ser permitidas o restringidas y las circunstancias en que estas intervenciones pueden ser seguras o permisibles” (p. 565).

El ser humano es biología, pero mucho más que biología. La fascinante capacidad que el ser humano ha demostrado de conocer y dominar sus propios procesos biológicos, necesita de una igual y proporcionada capacidad de orientar de manera propiamente humana esos desarrollos para que sirvan a cada persona y no sean instrumento de nuevas formas inaceptables de dominación y discriminación.

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jueves, 12 de abril de 2018

Video: Intenciones del Papa Francisco - "Por quienes tienen la responsabilidad de los asuntos económicos" - (YouTube) -

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La economía no puede pretender sólo aumentar la rentabilidad, reduciendo el mercado laboral y creando así nuevos excluidos. 
Debe seguir el camino de los empresarios, políticos, pensadores y actores sociales que ponen en primer lugar a la persona humana y hacen todo lo posible para asegurarse de que haya oportunidades de trabajo digno.

INTENCIONES DEL PAPA
POR LOS DESAFÍOS DE LA HUMANIDAD
ABRIL 2018
Universal: Por aquellos que tienen una responsabilidad en la economía.
Para que los responsables del pensamiento y
de la gestión de la economía tengan el coraje
de refutar una economía de la exclusión y
sepan abrir nuevos caminos o rutas.

Oración:
Padre bueno, has creado este mundo
y lo has confiado a tus hijos
para que pudieran vivir de sus frutos,
a través del trabajo de sus manos y de su ingenio.
Nuestra casa común
es el lugar donde comenzamos a vivir ya la felicidad del Cielo,
como tus hijos, hermanos y hermanas los unos de los otros.
Pero en este mundo se generan tantas diferencias,
tanta exclusión, y pocos tienen lo que debería ser de muchos.
A la Red Mundial de Oración del Papa,
ofrecemos nuestros días, palabras y acciones,
para que los responsables de la economía
sepan pensar y decidir caminos
que no dejen a nadie al margen del bien común.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria…

Guía práctica
  • Buscar informarme sobre los países donde existe un mayor desequilibrio entre ricos y pobres y percibir lo que lleva a estas situaciones.
  • Promover, en la propia comunidad, o en casa, experiencias de acogida y convivencia con personas víctimas de exclusión por motivos económicos (desempleo, situaciones de vulnerabilidad, pobreza, etc.)
https://clicktopray.org/es/pope_prayers
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Video: SANTO PADRE FRANCISCO: EXHORTACIÓN APOSTÓLICA GAUDETE ET EXSULTATE - (Youtube)

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Haz click sobre la imágen para descargar la Exhortación
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domingo, 4 de marzo de 2018

Video: Intenciones del Papa Francisco - "Formación en el discernimiento espiritual" - (YouTube) -

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De todo lo que oímos, de todo lo que nos llega,
tenemos que aprender a distinguir lo que nos pide Cristo.
Para eso es necesaria una buena formación basada
en el discernimiento de la voz del Señor. 
“La Iglesia hoy necesita crecer en la capacidad
de discernimiento espiritual...
Fuimos creados por Dios por amor y para amar.
Necesitamos “leer desde dentro” lo que el Señor nos pide,
para vivir en el amor y ser continuadores 
de esta su misión de amor.
El tiempo en el que vivimos nos exige desarrollar una profunda capacidad para discernir… 
Discernir, de entre todas las voces, cuál es la voz del Señor, 
cuál es la voz de Él que nos conduce a la Resurrección,  a la Vida, 
y la voz que nos libra de caer en la “cultura de la muerte”.
Recemos juntos para que toda la Iglesia reconozca la urgencia de la formación en el discernimiento espiritual, en el plano personal y comunitario.”
Papa Francisco - Marzo 2018
INTENCIONES DEL PAPA
POR LOS DESAFÍOS DE LA HUMANIDAD
MARZO 2018
Universal: Formación en el discernimiento espiritual 
Para que toda la Iglesia reconozca la urgencia de la formación en el discernimiento espiritual, en el plano personal y comunitario.

Oración
Padre de bondad,
envía sobre cada uno de nosotros
tu Espíritu Santo, Espíritu de inteligencia y sabiduría,
que nos ayuda a mirar el presente con gratitud
y el futuro con esperanza.
Ayúdanos a liberarnos del desánimo
y de todo tipo de resistencias,
abriéndonos con coraje y creatividad
a lo que la Iglesia y el mundo más necesitan.
Hace crecer en nosotros el gusto
y el deseo del discernimiento,
para que nuestras comunidades puedan ser
lugares de intercambio y diálogo,
testigos de tu caridad y capaces
de responder con generosidad
a lo que nos pedimos en cada momento.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria…

Guía práctica:
  • Buscar a lo largo de este mes rezar los acontecimientos del presente, a nivel personal y de la propia comunidad, y discernir en ellos los modos como Dios quiere hablar: agradecer lo que va bien, por lo que da frutos ... Evaluar lo que se siente necesario cambiar ...
  • Pide la gracia de la libertad interior, cuestionando sin temor algunos tipos de afirmaciones que pueden bloquear un verdadero proceso de discernimiento, tales como: "siempre se ha hecho así" o "ya no vale la pena".
  • Organizar, en la propia comunidad o institución, un momento de oración y comparte sobre lo que el discernimiento puede traer de ideas para la acción apostólica en el futuro. ¿Qué pasos concretos pueden ser dados y qué continuidad se puede dar a estos procesos?
https://clicktopray.org/es/pope_prayers
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martes, 27 de febrero de 2018

Bioética: Una vida que tiene derechos y nuestra misma dignidad

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Víctor Manuel Fernández                        25 de febrero de 2018
No quiero hablar sobre este tema desde la religión, sino desde la razón y los sentimientos. Además pido disculpas al hacerlo, porque este asunto conlleva muchos sufrimientos, y soy consciente de mis propios errores e incoherencias.

A veces quisiéramos eliminar a todos los que tienen mal carácter, porque pensamos que estaríamos más tranquilos, sufriríamos menos. Pero no podemos.

Algunos no tienen las mismas ideas que nosotros. Desearíamos borrarlos de la existencia para que dejen de difundir ideologías desagradables. Pero reconocemos que no podemos.

En ciertos períodos de nuestra historia se intentó trasladar a todos los pobres lejos de la ciudad de Buenos Aires, para que pareciera que no existían, y a algunos de ellos se les quitó la vida. Otros desearían destruir a los ancianos, a los inmigrantes, a los de piel oscura. Pero hasta allí no pueden llegar.

El niño que fue gestado como resultado de una violación está molestando. Es el testigo mudo que recuerda un hecho doloroso. Surge el deseo de eliminarlo, como si de ese modo se borrara lo que pasó. Esa vida aparece en un momento inoportuno, perturba, complica la existencia. Es comprensible que brote el deseo de destruirlo. Pero simplemente no podemos. Es un ser humano, biológicamente distinto del óvulo, diferente a la vida de su madre y con el mismo código genético que tendrá cuando sea un adulto.

No lo dice la religión, lo enseña la ciencia. No es un pedazo de la mujer ni un grano. Aunque no lo veamos, aunque sea pequeño, es un ser humano. Claro que ese embrión todavía tiene que desarrollar esas características que ya posee, pero realmente las tiene en su realidad biológica y en su composición genética.

Del mismo modo, nadie deja de ser humano si un golpe o una enfermedad le impiden ejercer sus capacidades mentales y expresarse. Su valor va más allá de lo que pueda hacer. Se trata de algo que está detrás de eso: su ser, inalienable e inviolable.

Si afirmáramos que un ser humano no se puede matar cuando tiene más de tres meses, pero sí cuando tiene unas horas menos, ¿qué racionalidad hay allí? Entonces siempre habrá algún argumento para borrar una vida humana: porque tiene alguna discapacidad, porque es demente, porque es anciano, porque es deforme, porque no sirve al sistema? ¿Por qué no? No nos quedarían razones de fondo para defender una vida humana, más allá de las conveniencias pragmáticas. Los derechos humanos quedarían colgando de un hilo, sin fundamentos que no estén sujetos a discusión.

¿Y si lo que la embarazada lleva en su seno es otra mujer? Puede producirse esta paradoja: facilitar el aborto sería permitir que una mujer, con el pretexto de que ella no es una propiedad, pueda tratar a su hija en gestación como una propiedad desechable. En este caso, la embarazada o quien la induce a abortar es quien tiene el poder, y la niña en gestación es la más débil.

Si una mujer mata al niño en un momento de desesperación, ¿quién podría ensañarse con ella? ¿Quién tendría la terrible vanidad de arrojar la primera piedra? Pero una cosa es comprender la angustia que puede vivir una mujer ante un embarazo no deseado y buscar los caminos para darle una mano. Otra cosa es que la sociedad decida crear un instrumento legal para facilitar una decisión que afecta a un ser humano, a ese pequeño ser humano que posee nuestra misma dignidad y no tiene modo de defenderse.

Nosotros construimos un mundo distinto con las opciones que vamos tomando, con el tipo de sociedad que vamos eligiendo, con los ideales que expresamos a través de nuestras leyes. En torno a los niños es posible actuar en una línea positiva. Sus madres necesitarían una contención no solo económica sino psicológica, sobre todo cuando esos chicos no han sido deseados.

También hay tanto por hacer para facilitar y acompañar la adopción de esos niños. Hay muchas acciones posibles, la única respuesta no puede ser la muerte. Tanto la sociedad como la Iglesia hemos hecho poco al respecto.

Sin embargo, la salida más rápida y económica de un legislador, solución mezquina y cómoda, es proponer leyes que permitan eliminar los niños en gestación como si nada pasara. Podrán hacerlo, pretendiendo resolver un mal con otro mal más terrible, pero con eso no nos darán un mundo mejor. Estarán utilizando su poder para tomar decisiones respecto de los más frágiles de nuestra sociedad. Se atribuirán el derecho escalofriante de facilitarnos decidir si vale la pena una vida humana o no, si algunos merecen vivir o no.

Menos mal que no tuvieron ese fin Einstein, Marie Curie, Gandhi, Leonardo da Vinci, Frida Kahlo, Edith Piaf o Mandela. Menos mal que nadie decidió por ellos si debían vivir o no. Pero como todo ser humano tiene una dignidad inalienable, lo mismo vale para el más limitado de los discapacitados. ¿Quién puede juzgar acerca del misterio de su vida hasta el punto de quitarle la posibilidad de pasar por esta tierra?
                                                       Rector de la Universidad Católica Argentina (UCA)
                                                                                                                                     LA NACIÓN

lunes, 26 de febrero de 2018

BIOÉTICA: "DEL ALQUILER DEL VIENTRE A LA EUGENESIA"

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DEL ALQUILER DEL VIENTRE 
A LA EUGENESIA
El nacimiento de Louise Brown por fecundación artificial, en el año 1978, fue el inicio de muchos experimentos sobre la reproducción humana asistida. En el año 1984 se hablaba ya de la maternidad subrogada. Pronto se hizo famoso el tema de los llamados “úteros de alquiler”.
Muchos veían esta posibilidad como un inmenso paso de la técnica moderna para favorecer la paternidad o maternidad de algunas personas. Las objeciones morales que se planteaban les parecían ridículas ante los éxitos obtenidos. De pronto, el fin venía a justificar cualquier medio para obtenerlo.
Andando el tiempo, las noticias han sido más ambiguas. Se ha hablado de Crystal Kelley, contratada en el 2013 por un matrimonio que le pagó 22.000 dólares para gestar a su hija. Al saber que la bebé tenía labio leporino, paladar hendido, un quiste en el cerebro y complicaciones en el corazón, la pareja le ofreció 10.000 dólares más para que abortara. Pero ella rechazó esa propuesta.
El día 25 de noviembre de 2015 el New York Post contaba que Melissa Cook había sido contratada por un hombre para gestar un embrión, producto de la fecundación con su semen y los óvulos de una joven donante. Al saber que la gestante estaba esperando trillizos, el varón lanzó contra ella amenazas económicas si no abortaba uno de los fetos. 
Hoy muchas personas han llegado ya a admitir como normal la práctica de la eugenesia, tan promovida y practicada en el siglo pasado por los “nazis”.
Es verdad que ahora no se trata de seleccionar los hijos de acuerdo con la raza. Pero se los acoge o rechaza a tenor de las cualidades o defectos que presenten. De todas formas, unas personas deciden si otras personas tienen derechos a vivir o no.
La maternidad subrogada o recurso a los “úteros de alquiler” permite la selección del bebé y el asesinato o el abandono del descartado. Y revela que la mujer contratada puede ser considerada no sólo como una esclava, sino como una máquina gestante.
La maternidad subrogada establece un subsistema familiar que separa la paternidad genética de la maternidad de la gestante. No sólo atenta contra el equilibrio emocional de la mujer, sino que lesiona los derechos del bebé a ser concebido en el seno de una pareja estable.
En realidad, esta práctica que ve el alquiler de los vientres como una solución a la infertilidad viola los derechos de las personas, que nunca deberían ser consideradas como animales de reproducción o como máquinas de gestación.
No es extraño que el Parlamento Europeo haya adoptado el Informe anual de 2014 sobre los derechos del hombre y la democracia y sobre la política de la Unión Europea en esta materia. En él se condena la “gestación por sustitución por atentar contra la dignidad de la mujer, cuyo cuerpo y función reproductiva son utilizadas como mercancías”.
José-Román Flecha Andrés

lunes, 12 de febrero de 2018

Video: Miércoles de Ceniza - Comienzo de Cuaresma - (YouTube) -

La Cuaresma se remonta al siglo IV, época desde la cual se empieza vivir como un tiempo de penitencia y renovación para toda la Iglesia a través del sacrificio, el ayuno y la abstinencia. Si bien en occidente este tiempo ya no es tan rígido en su vigor, nunca ha estado en discusión el que sea un tiempo al que necesitamos aproximarnos con espíritu penitencial y de conversión.
1. ¿De qué se trata?
Se trata de 40 días previos a la Semana Santa durante los cuales preparamos nuestro espíritu a través de la conversión. Los 40 días responden a una simbología bíblica: 40 días en el desierto, 40 días de diluvio, 40 años de marcha del pueblo de Israel, etc. El número 40 tiene una intención especial en las escrituras y hace referencia a tiempos de prueba y de conversión. En esta simbología «el número 4 representa el universo material y el 0 representa el tiempo de nuestra vida en la tierra seguido de pruebas y dificultades» (Aciprensa).
2. Un camino de conversión

No se trata de un tiempo en el que simplemente por tradición no puedo comer carne, o que tengo que dar limosna y mortificar mi cuerpo en todas las maneras posibles. No, estos cuarenta días para los cristianos no solo son un tiempo de penitencia sino un tiempo de preparación y conversión que nos ayuda a ponernos en sintonía con el sacrificio de amor que conmemoramos en el Triduo Pascual y así acompañar a Cristo en los misterios de su pasión, muerte y resurrección.
3. Empieza el Miércoles de Ceniza
El inicio del tiempo cuaresmal está marcado por el Miércoles de Ceniza, día en que recordamos que somos pecadores. Durante la misa se bendicen las cenizas hechas con las palmas del Domingo de Ramos del año anterior. Estas cenizas se imponen en la frente de los fieles con las frases: «Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás», o «Conviértete y cree en el Evangelio». La ceniza nos recuerda la propia mortalidad y fragilidad que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Le recuerda al cristiano su origen y su fin. El Miércoles de Ceniza no es obligatorio y las cenizas también las pueden recibir los no católicos. Este día debes vivir la abstinencia y el ayuno si tienes entre los 18 y los 59 años de edad.
4. Sacrificios y penitencias como actos de amor
El tiempo cuaresmal es un tiempo caracterizado por el sacrificio a través de la penitencia, el ayuno, la limosna y la oración. Si bien el sacrificio en cualquier esfera de la actividad humana es considerado como un valor cuando este es relacionado al esfuerzo para conseguir un resultado; el sentido del sacrificio para un cristiano va mucho más allá: está directamente relacionado al amor. Cuaresma es un tiempo ideal para encontrar este sentido. Las renuncias, las mortificaciones que en este tiempo nos imponemos sirven para empezar a entender o profundizar en el verdadero significado del amor. El amor que lo puede todo, lo soporta todo y lo perdona todo, un amor que viene de el mismo Dios que se entrega por nosotros. 
Se trata, como decía San Juan Pablo II, de «todo aquello que ayuda a que el Evangelio pase de la mente al corazón y del corazón a la vida». ¡Qué diferente es vivir la penitencia quitando toda connotación negativa que en lugar de animarnos a perseguirla nos disuade de ella! Entendiendo su verdadero significado la penitencia se transforma en un acto de amor profundo.
5. Ayuno: mucho más que dejar de comer

No se trata de suprimir todos los alimentos y andar gritando a los cuatro vientos que morimos de hambre porque estamos ayunando. El ayuno debe ser siempre ofrecido con amor y humildad, en el silencio del corazón. Ayunar no se trata sólo de suprimir alguna comida o alimento por el que tenemos especial preferencia. Podemos ayunar de palabra y acción, tratar de no criticar tanto, de no decir malas palabras, de hablar con más amor y bondad, de no mirar mal a ese vecino al que ya nadie se aguanta, de hablarle a ese compañero de oficina al que todos ignoran, de ofrecerte a hacer algún favor o de invitar a almorzar a ese familiar con el que hace tanto no te hablas. Todo ofrecido como sacrificio amoroso al Padre. Todos los viernes de Cuaresma la abstinencia es mandatoria.
6. La oración y la generosidad
La Iglesia designa la limosna, junto al ayuno y la oración, como un remedio contra el pecado. En nuestro tiempos la limosna se hace aún más necesaria. Tiempos en el que lo material y el valor de las posesiones se hace excesivo, el dar limosna es remedio para el alma. Dejar de mirarse uno mismo para salir a auxiliar al más necesitado y no solo dar lo que nos sobra sino dar lo que nos cuesta. Es necesario dar con sacrificio, renunciar a lo nuestro en favor de los otros por amor a Dios mismo. La limosna necesita estar presente en este tiempo de Cuaresma para ayudarnos a dejar de pensar en nosotros mismos y entender cada vez más lo que significa entregarse por entero. La oración será esa constante comunicación con Dios para que nos muestre el camino y nos fortalezca durante nuestra vida.
7. Termina el día en que el verdadero sacrificio inicia…

La Cuaresma culmina el Jueves Santo. Es el día en el que el tiempo de preparación ha terminado y el verdadero sacrificio inicia. Renovados por estos 40 días nos preparamos para continuar acompañando a nuestro Señor rumbo al calvario. Nos hemos preparado para que nuestros corazones permanezcan ardientes en el amor a Cristo y mediante su gracia podamos continuar junto a Él el sacrificio de entregar la vida propia por amor.

«(…) La Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina a veces amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno» (Papa Francisco – Mensaje Cuaresma 2018).

Video: MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2018 - (YouTube) -

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Mensaje para la Cuaresma 2018:

Francisco nos alienta a vivir la Cuaresma con un mensaje para profundizar en su sentido. ”Deseo ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia”. (…) ”Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, «signo sacramental de nuestra conversión», que anuncia y realiza la posibilidad de volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida”.
1. Huir de los falsos profetas: los encantadores de serpientes y los charlatanes.      
Francisco nos alerta contra los falsos profetas. Distingue entre dos tipos:
a) Los encantadores de serpientes: son los que se aprovechan de las emociones humanas para esclavizarnos a través de ellas. Nos engañan haciéndonos confundir el placer momentáneo con la felicidad que anhelamos.
b) Los charlatanes: ofrecen soluciones sencillas e inmediatas a los problemas difíciles. Soluciones que resultan ser inútiles finalmente: la droga, el alcohol, relaciones de “usa y tirar”… Son unos estafadores, porque no solo nos engañan al ser medidas ineficaces, sino que nos roban lo más valioso que tenemos: nuestra dignidad, nuestra libertad y nuestra capacidad de amar.
El demonio ”presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre”. Por eso el Papa nos anima a preguntarnos en el fondo de nuestro corazón qué cosas son las que nos dejan una huella profunda y llena de felicidad. Esas cosas son las que vienen de Dios y no del padre de la mentira.

2. Que no se enfríe nuestro corazón.
”Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero” dice Francisco. Cuando esto sucede, los primeros contra los que cargamos son los más débiles, a los que consideramos una amenaza contra nuestros intereses: los enfermos, los ancianos, los extranjeros, el niño no nacido, etc.
Después también cargamos contra el planeta, contra la creación.
Y por último, se enfría el amor en nuestras comunidades. Las manifestaciones de este enfriamiento de la caridad son: ”la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero”.

3. Remedios: la oración, la limosna y el ayuno.
El Papa nos propone dedicar más tiempo a la oración durante esta Cuaresma. El hábito de rezar hace que nuestro corazón descubra las mentiras, a veces ocultas, con las que nos engañamos a nosotros mismos. Y así podamos buscar y poner en el centro de él a Jesús.
Y junto a la oración, la limosna. Su ejercicio ”nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío”. ”Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida”. ”Cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos”.
Y por último, el ayuno. ”Nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre”. Mediante el ayuno experimentamos qué se siente al pasar necesidad. Nos hace más sensibles ante las carencias y sufrimientos de los demás. El ayuno nos ayuda a no volver la cara y hacer lo que esté en nuestra mano para aliviarlo.
4. El fuego de la Pascua.
”El corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo”.
Una ocasión propicia para vivir todo esto que nos propone el Papa será la iniciativa «24 horas para el Señor». Se nos invita nuevamente a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en una jornada de adoración eucarística. Tendrá lugar de la noche del viernes 9 a la tarde del sábado 10 de marzo. Como telón de fondo este año están las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el perdón». ”En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental”.
”Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu», para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad”.

5. Recapitulando…
Te dejamos un resumen para que tengas a mano lo más importante del mensaje de Francisco para esta Cuaresma.

lunes, 5 de febrero de 2018

Video: Intenciones del Papa Francisco - "No a la corrupción" - (YouTube) -

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"La corrupción no se combate con el silencio. Debemos hablar de ella, denunciar sus males, comprenderla para poder mostrar la voluntad de hacer valer la misericordia sobre la mezquindad, la belleza sobre la nada.
Pidamos juntos para que aquellos que tienen un poder material, político o espiritual no se dejen dominar por la corrupción.”
Papa Francisco - Febrero 2018
INTENCIONES DEL PAPA
POR LOS DESAFÍOS DE LA HUMANIDAD
FEBRERO 2018
Universal: No a la corrupción 
Para que aquellos que tienen un poder material,
político o espiritual no se dejen dominar por la corrupción.

Oración: 
Padre bueno,
Tú eres la fuente de toda la verdad.
Tu Hijo Jesús vino a mostrarnos que el verdadero poder
es el servicio, humilde y desinteresado,
poniendo a trabajar los propios talentos en favor de los demás.
Este mes, quiero pedirte que envíes a tu Espíritu Santo
sobre todos los que tienen responsabilidades de gobierno
en la sociedad, en las instituciones, en la Iglesia,
para que, a ejemplo de Jesús,
vivan su misión con libertad y verdad,
lejos de toda corrupción,
y protejan siempre a los más frágiles.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria…

Guía práctica:
  • Con la certeza de que la gracia de Dios toca los corazones que se vuelven hacia Él, reza, individualmente o en grupo, por todos los que tienen poder civil, político o religioso, para que no se dejen dominar por la corrupción.
  • Haz un examen de conciencia sobre tu transparencia y responsabilidad como ciudadano de tu país. ¿Soy consciente de que hay un bien social del que también soy responsable?
  • En el mundo de mis relaciones, ¿me aprovecho de alguna situación de superioridad en provecho propio, o vivo el poder que me ha sido dado, como padre, superior, patrón, para servir a los que me son confiados, buscando, por encima de todo, así?
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11 de Febrero Nuestra Señora de Lourdes - XXVI Jornada Mundial del Enfermo - Libro Digital: Mensaje del Papa Francisco

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miércoles, 10 de enero de 2018

Video: Intenciones del Papa Francisco - "Por las minorías religiosas en Asia" - (YouTube) -

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Para que, en los países asiáticos, los cristianos, como también las otras minorías religiosas, puedan vivir su fe con toda libertad.
Papa Francisco - Enero 2018
INTENCIONES DEL PAPA
POR LOS DESAFÍOS DE LA HUMANIDAD
ENERO 2018
Universal: Por la evangelización de las minorías religiosas
en Asia. 
Para que, en los países asiáticos, los cristianos,
como también las otras minorías religiosas, 
puedan vivir su fe con toda libertad.

Oración
Padre de bondad,
en unión con el Santo Padre y su Red Mundial de Oración,
te pido por todos nuestros hermanos y hermanas de Asia,
los que siguen a tu hijo Jesús y también a los que,
a través de las otras religiones, te buscan de corazón sincero.
Te pido en particular por todos los que sienten dificultades
en vivir su fe con libertad,
que se sienten oprimidos y excluidos por creer en Ti.
Que tu Espíritu Santo toque el corazón de todos los gobernantes,
para que defiendan y promuevan en todo el mundo la libertad religiosa.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria…

Desafíos para el mes:
  • Este mes procuro informarme sobre las minorías religiosas en Asia, para conocerlas mejor, así como la situación de la libertad religiosa. Esto puede ayudarme a rezar por esta intención de oración del Papa.
  • En los grandes temas sociales, culturales y políticos de la actualidad, ¿procuro informarme sobre los valores que la Iglesia propone en estas cuestiones? ¿Afirmo mi fe con coherencia y verdad, incluso corriendo el riesgo de ser incomprendido y criticado? ¿Me dejo condicionar por el ambiente que me rodea, a nivel familiar, de trabajo, o en mis relaciones, en la expresión libre de mi fe? ¿Hablo de Jesús, de la Iglesia, sin tener miedo o vergüenza?
  • ¿Qué propuestas o iniciativas de oración y reflexión se pueden realizar en nuestra comunidad para ayudar a darse cuenta de cómo nuestro contexto puede limitar nuestra libertad de decir y actuar como cristianos?
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